José Manuel Ribera Casado.

¿Activos después de jubilarnos?

José Manuel Ribera Casado

Catedrático Emérito de Geriatría (UCM). Académico de número (RANME)

Pues sí, activos. Estos comentarios pretenden ser una llamada a la que todos los que hemos rebasado esa frontera deberíamos hacer caso. Las razones son infinitas. Van desde el ámbito que solemos llamar social, el de las ventajas colectivas, hasta nuestro propio interés individual. Mantenerse activo en edades avanzadas afecta de modo directo a nuestra calidad de vida, tanto en la esfera física como en la mental. Existen en la literatura infinitas publicaciones científicas que avalan esta afirmación.

En las últimas semanas, algunas voces muy autorizadas se han sumado a las ya clásicas que, al menos durante el último siglo, se han venido pronunciando de forma cada vez más repetida e intensa en este sentido. Citaré, tan solo, dos ejemplos muy recientes que, procedentes de campos muy alejados, me parecen bastante ilustrativos. 

El filósofo alemán Jürgen Habermas, uno de los más respetados en el panorama filosófico actual, se preguntaba hace poco “¿Por qué dedico a mi edad tantas horas a la historia de la filosofía? (El País. 4.XI.2023). La respuesta sería lo de menos. En todo caso habla en ella de “… recuperar la lectura de textos importantes que no había leído y… volver a leer …en contextos actuales…”. Intenta reconstruir doctrinas ya expresadas y contraponer puntos de vistas vividos previamente pero afrontados con una visión actual. Más que sus respuestas quiero insistir en el valor testimonial que supone el que un intelectual de 94 años siga activo y preocupado, haciéndose preguntas y buscando sus respuestas. Nuestro Pedro Laín Entralgo en su último libro “Hacia la recta final” planteaba a sus 90 años una autorrevisión crítica de su obra, en cierto modo, similar.

Saltando a un campo más próximo cabe recordar la iniciativa de la Sociedad Británica de Geriatría (BGS), en marcha ya desde hace unos cuantos años, de constituir en su seno una sección  de “médicos jubilados” muy activa, tanto en el campo de la reflexión intelectual con funciones docentes e investigadoras, como en el de la participación mantenida en todo tipo de actividad societaria. Su responsable actual, el doctor Sandip Raha, planteaba algo similar en el último número del boletín de la BGS. Lo hacía bajo el título “Me he jubilado ¿Qué viene ahora?”.  Habla de su retiro obligado y de su deseo de mantenerse fiel a lo que llama “la pasión de su vida”, el estudio de la enfermedad de Parkinson.

Lo importante es participar, seguir integrado, formar parte de la sociedad. En definitiva, vivir en positivo

Hay quien no se jubila nunca o que lo hace cuando buenamente quiere. Un buen ejemplo serían los artistas, desde los músicos, pintores o escritores, hasta los cocineros más famosos. Otros han vivido toda su vida colgados de una afición y la mantienen hasta el final. Para la mayoría de los mortales existe un corte obligado a partir de la fecha ¿fatídica? de la jubilación, cundo con la estadística en la mano, aún nos queda casi un tercio de vida por recorrer. La llamada de hoy es a mantenerse activo. En lo que sea, en lo que cada cual estime como más indicado para su caso concreto

A mi juicio lo más adecuado es hacerlo, como el doctor Raha, en un campo próximo a lo que ha venido siendo la actividad anterior. Uno conoce el terreno de juego donde se va a mover y está en buenas condiciones para reorganizarse a partir de la experiencia acumulada. La condición previa es la de haberle cogido el gusto a lo que ha venido haciendo y la subsiguiente actuar con la delicadeza suficiente como para no generar interferencias en las funciones de quienes se han convertido en sus sucesores profesionales. 

Pero vale todo antes de sentarse en un sofá a ver ponerse el sol o consumir series televisivas, rumiando tristeza y melancolía. Cabe desarrollar nuevas aficiones, ocultas o no con anterioridad, desde al aprendizaje de idiomas o el estudio de áreas de conocimiento específicas de dedicación imposible durante su vida laboral, hasta aplicarse a nuevas prácticas de actividad física como el baile, la marcha, la bicicleta, el golf o el gimnasio. 

Lo importante es participar, seguir integrado, formar parte de la sociedad. En definitiva, vivir en positivo lo poco o mucho que nos quede por delante a cada uno de nosotros.

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