Otro de los grandes desafíos que afrontamos es la integración real de la tecnología. Apostamos por soluciones innovadoras, como la teleasistencia avanzada o los sistemas de monitorización inteligente, porque estamos convencidos de que la tecnología puede mejorar el bienestar de los mayores y ofrecer mayor tranquilidad a sus familias. Siempre como un complemento, nunca como un sustituto del trato humano.
Ahora bien, nada de esto es posible sin un equipo humano sólido. Afrontamos cómo atraer y fidelizar a profesionales cualificados. Queremos que el trabajo en una residencia se perciba como una opción profesional estable, vocacional y con proyección. Es fundamental crear una imagen positiva de la profesión del cuidado, ofrecer a la sociedad una reputación sólida como sector, y fomentar una formación continua y promover un reconocimiento social para los profesionales. Los perfiles que atienden a los mayores deben estar altamente cualificados, no solo en aspectos técnicos, sino en habilidades emocionales, relacionales y éticas. Debemos promover una profunda responsabilidad ética. Nuestra actividad implica acompañar, escuchar y dignificar. Debemos fomentar una cultura del cuidado que respete la vejez y defienda los derechos de las personas mayores como ciudadanos plenos, con voz propia y un lugar fundamental en la sociedad.
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