Actualmente, existe una tendencia al alza hacia los hogares unipersonales en la vejez. Más de 2 millones de personas mayores de 65 años viven solas en nuestro país, un segmento propenso al aislamiento donde 1 de cada 4 adultos mayores se considera socialmente aislado y aproximadamente el 12 % presenta sentimientos de soledad crónica.

Más allá de alternativas que proponen cambiar el modelo tradicional de residencia, la robótica social dispone de soluciones para proporcionar compañía y fomentar el contacto con otras personas sin modificar el entorno de los mayores. La integración con los nuevos desarrollos en inteligencia artificial permite dotar a estas máquinas de interacciones naturales, incorporándose en el día a día de los mayores proporcionando entretenimiento y compañía.
Un impulso para combatir el aislamiento desde la seguridad
Además, estos robots pueden actuar como facilitadores del acceso a servicios como videollamadas, WhatsApp, redes sociales, servicios de noticias, etc., permitiendo a los usuarios estar al día de las novedades de sus seres queridos. Esta tecnología incluye funcionalidades de supervisión, que avisan a los familiares ante situaciones anómalas o potencialmente peligrosas. Su capacidad de analizar las rutinas diarias posibilita que se detecten desviaciones que puedan derivar en patrones de riesgo. El diseño de estos robots requiere de una colaboración multidisciplinar donde converjan disciplinas como la mecatrónica o la informática -ejes de nuestro grupo en la Univ. Carlos III de Madrid (UC3M)- junto con la gerontología, psicología, sociología, entre otras. En este nuevo paradigma de cuidados, la labor de los expertos de sectores como el sociosanitario es primordial, pues los robots se conciben como herramientas que permiten extender el alcance de estos servicios más allá de los recursos humanos disponibles.
Los robots se convierten en compañeros que están siempre disponibles para los mayores. Esta tecnología tiene un impacto directo en la mejora de la calidad de vida de las personas, al combatir el aislamiento. Además, aporta seguridad a las familias a través de la supervisión remota, y favorece que las instituciones amplíen su cobertura de forma eficiente y sostenible.













