Históricamente, la atención a la dependencia y el sector de los cuidados han estado marcados por la labor de mujeres. Profesionales que, desde distintas áreas, han sido fundamentales en la evolución de los modelos de atención a las personas mayores que hoy continúan desarrollándose. Entre ellas destaca la figura de Sabina Camacho, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, especialidad en Psicología Social; diplomada en Trabajo Social, con másteres en Gestión Directiva de Organizaciones no Lucrativas; Dirección y Gestión de Centros de Mayores; y en Gerontología Social. Con más de 35 años de experiencia en el ámbito de las personas mayores, 14 de ellos como directora general de Asispa y dos como presidenta de CEOMA (2022-2024), Camacho ha dedicado su carrera a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores, a la defensa de sus derechos y a impulsar modelos de atención centrados en la persona.
Su vocación nació pronto, ligada a experiencias personales en su infancia y adolescencia con sus abuelas, que marcaron su forma de entender la vejez y que, según explica, eran “personas muy activas y con salud”. De ellas conserva recuerdos cotidianos y conversaciones que despertaron su sensibilidad hacia el envejecimiento. No obstante, el momento decisivo llegó en bachillerato. “Una tarde, paseando con unas amigas, vi un edificio que ponía Centro de Mayores y decidí entrar”. Allí habló con la trabajadora social, que le explicó el impacto de su labor en la vida de las personas mayores y cómo les “ayudaban a relacionarse, crear redes sociales y mantenerse activos”. Aquella conversación, afirma, fue decisiva para su formación posterior.
Intervención sociosanitaria
Durante su carrera, Camacho ha reflexionado sobre la imagen social de la vejez y los estereotipos que presentan a las personas mayores como dependientes o incapaces de seguir aprendiendo tras la jubilación. Frente a esa visión, advierte que “el edadismo impregna decisiones políticas, medios y conversaciones cotidianas” y defiende un relato más justo que ponga el foco en sus capacidades, contribuciones y derechos. Sus primeros pasos profesionales se desarrollaron en el ámbito sanitario, una experiencia que reforzó su convicción sobre la importancia de una intervención integral, no solo clínica, sino también psicológica y social, capaz de cambiar de manera significativa la evolución y la calidad de vida de una persona.
El sector necesita profesionales “excelentes, valientes y preparados para prestar la mejor atención y cuidados, pero también preparados en gestión, innovación y políticas públicas, ocupando espacios de decisión.”
Para Camacho, trabajar con personas mayores exige necesariamente una mirada global y un firme compromiso humano. Entre los hitos de su trayectoria destaca su implicación en la prevención de la dependencia, su especialización en la atención a personas mayores frágiles y dependientes, y el liderazgo en procesos de transformación hacia modelos centrados en la persona. “Me siento especialmente orgullosa de haber impulsado equipos interdisciplinares sólidos y cohesionados”, afirma, así como de haber contribuido a “visibilizar la importancia de las relaciones intergeneracionales y la diversidad de las personas mayores, poniendo en valor sus trayectorias, contribuciones, capacidades y experiencias”.
En términos más actuales, subraya su papel como portavoz de «A la Vejez, Vitales», iniciativa impulsada en 2022 por CEOMA para transformar la mirada social sobre el envejecimiento, así como la consolidación y expansión de esta iniciativa.
Retos urgentes y complejos
Sin embargo, el camino no ha estado exento de dificultades. Entre las barreras que ha encontrado a lo largo de su carrera señala “la rigidez normativa y la histórica infravaloración del sector de cuidados, tradicionalmente feminizado y poco reconocido”. A ello se suma “el desafío constante de combatir estereotipos profundamente arraigados, como el edadismo y el autoedadismo, en ocasiones invisibles y socialmente normalizados”.
Para Camacho, el sector sociosanitario afronta hoy retos complejos y urgentes. Entre ellos menciona:
- Incorporar la perspectiva de derechos en todas las políticas de envejecimiento.
- Abordar la fragilidad y dependencia desde la prevención.
- Las residencias siempre serán necesarias, pero también son necesarios otros servicios y alojamientos alternativos, y potenciar la ayuda a domicilio para que las personas mayores puedan seguir viviendo en la comunidad, en su casa, es el deseo de más del 90 % de las personas mayores.
- Mayor financiación de la Ley de Dependencia: España destina el 0,8 % del PIB, frente al promedio europeo del 1,8 %, llegando algunos países del norte de Europa al 4 % del PIB.
- Incorporación real de la voz de las personas mayores en el diseño de políticas públicas que nos afecten.
- Combatir el ageísmo estructural.
- Contrarrestar discursos que enfrenten a personas mayores y jóvenes y fomentar la solidaridad intergeneracional.
- Mejorar las ratios y condiciones laborales de los profesionales sociosanitarios.
- Déficit de profesionales en el sector sociosanitario y cuidados de larga duración.
- Integración efectiva entre sanidad y servicios sociales.
- Sostenibilidad del sistema ante el envejecimiento demográfico.
Transformación en el envejecimiento
Desde su papel en el movimiento “A la Vejez, Vitales”, Camacho insiste en la necesidad de transformar la narrativa social sobre el envejecimiento porque “envejecer no es sinónimo de declive, sino de transformación; ya que envejecemos desde que nacemos”. En su opinión, la sociedad sigue asociando la vejez con pérdida funcional y dependencia, cuando “la mayoría de las personas mayores somos activas, diversas y con enorme capacidad de contribución”. En ese sentido, reivindica que los deseos y la autonomía han de ser el “eje del cuidado”. Para ella, la vejez es una etapa vital que merece respeto, oportunidades y derechos plenos, y recuerda que “envejecer es un logro social”.
El movimiento que representa nace precisamente como respuesta a una herencia cultural marcada por el edadismo. Frente al estereotipo de enfermedad, reivindica “la diversidad del envejecimiento”; frente a la idea de inutilidad, visibiliza “la contribución social, cultural y comunitaria de las personas mayores”; frente al paternalismo, reivindica “la autonomía, la participación y la toma de decisiones”; y frente a la homogenización, defiende que “no hay una única manera de envejecer”.
Dignidad y dependencia
Camacho también insiste en que la dependencia forma parte de la vida, pero no debe confundirse con pérdida de dignidad. “La dependencia no anula la dignidad y la edad no borra el deseo ni el proyecto vital de las personas mayores”, subraya. De ahí que considere imprescindible “un cambio profundo de paradigma: pasar de un modelo asistencialista a un modelo basado en derechos y participación”.
Mirando hacia el futuro, sostiene que cada persona envejece según su trayectoria vital y su estilo de vida, por lo que la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad resultan fundamentales para alcanzar una vejez activa.
A las mujeres jóvenes que quieren desarrollar su carrera en el ámbito sociosanitario les lanza un mensaje claro: el sector necesita profesionales “excelentes, valientes y preparadas para prestar la mejor atención y cuidados, pero también preparadas en gestión, innovación y políticas públicas, ocupando espacios de decisión”. Por eso anima a las nuevas generaciones a entender este ámbito como un espacio estratégico y transformador.
“Es un sector con enorme impacto social”, afirma, recordando que la formación continua es primordial, y que las mujeres deben “reivindicar sus derechos y no aceptar techos de cristal”.
En clave femenina
Mujeres a las que admiro: a nivel personal, a mi madre; a nivel profesional, hay dos mujeres a las que admiro y han sido un referente para mí: Carmen Zabala Cabello, fundadora de ASISPA, y María Bravo Flores, primera profesional de la entidad.
Afición: en el plano personal, mi mayor afición es mi familia, motor de mi vida. Disfruto también de la lectura, el senderismo y la pintura, espacios que me permiten reflexionar y conectar conmigo misma.
Lugar: un lugar especial, mi pueblo Talarrubias, mi querida Extremadura, de manera significativa el lugar donde crecí y pasé mi infancia y adolescencia, Pantano de Puerto Peña, donde aprendí a valorar la naturaleza en su estado más puro y la relación social, personal y cercana con todas las personas de esta pequeña localidad.
Retos: superación continua entendida como aprendizaje constante, para un crecimiento tanto personal como humano y compromiso de ayuda a los demás, para contribuir al bienestar de otras personas o grupos desde la empatía y la responsabilidad social.
Propósito: contribuir a una sociedad mejor, más justa, más inclusiva y humana, donde sean reconocidas en igualdad y tengan su espacio, todas las personas independientemente de su edad, condición social.













