Nuestro estudio refleja una situación: más del 70 % de los mayores de 35 años atendidos en entidades ASPACE tienen reconocido un grado III de dependencia, el más alto según la Ley. Esto implica una necesidad intensiva de apoyo en las actividades básicas diarias. Esta situación demandará recursos específicos y permanentes.
A esto se suma otra realidad silenciada: las familias también envejecen. Quienes han cuidado durante décadas lo harán mientras puedan, pero necesitan descanso, apoyo y certezas. No pueden ser la única respuesta. Las residencias son imprescindibles.
Casi el 70 % de las personas con parálisis cerebral mayores de 65 años ya hacen uso de una residencia. En una década, se triplicarán. Desde Movimiento ASPACE apostamos por residencias adaptadas a sus necesidades y centradas en la persona. La desinstitucionalización debe reforzar los recursos. Hay que abordar el reto con responsabilidad política y sensibilidad social, con un sistema de apoyos de servicios especializados, que permita vivir en comunidad, con dignidad y seguridad.
Se trata de garantizar el derecho a envejecer con bienestar, el derecho a decidir cómo vivir esta etapa, acompañado y con apoyos adecuados.
Envejecer con grandes necesidades de apoyo es una responsabilidad colectiva. Debemos estar a la altura.
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