Cómo evitar que el calor, los cambios de rutina y la soledad afecten al bienestar de las personas mayores en vacaciones.
Las vacaciones de verano suelen modificar el ritmo habitual de la vida diaria. En las personas mayores, esa alteración tiene más impacto cuando existen enfermedades crónicas, deterioro cognitivo, movilidad reducida o una red de apoyo limitada. Por eso, organizar este periodo con antelación ayuda a preservar la salud y a reducir riesgos durante los días fuera de la rutina habitual.
Cambiar de vivienda o pasar unos días en un lugar poco conocido exige un esfuerzo de adaptación. En algunas personas, esa ruptura de referencias diarias se traduce en más cansancio, peor orientación o necesidad de apoyo para tareas que en casa realizan con mayor seguridad. El calor añade otro factor de tensión para el organismo, sobre todo cuando se descansa peor o se modifican horarios importantes, como los de la medicación.
“Cuando se alteran los horarios de medicación, se bebe menos agua o se duerme peor, aumenta el riesgo de que aparezcan mareos, debilidad o confusión. En personas con enfermedades previas, el calor actúa además como un factor de descompensación. La planificación debe partir siempre del estado de salud real de cada persona”, explica Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
Durante el verano, la prevención debe centrarse especialmente en la hidratación y en evitar la exposición a las altas temperaturas. Con la edad, la sensación de sed disminuye y el cuerpo tarda más en adaptarse al calor. Esta situación incrementa el riesgo de deshidratación, bajadas de tensión y caídas, especialmente si la persona toma diuréticos, antihipertensivos u otros tratamientos que requieren seguimiento.
También conviene revisar cómo deben conservarse los medicamentos cuando se viaja o cuando la vivienda alcanza temperaturas elevadas durante muchas horas.
La dimensión emocional debe tenerse en cuenta asimismo. Para algunas personas mayores, las vacaciones hacen más visible la soledad si su entorno habitual se desplaza o si disminuyen las visitas. En otros casos, la convivencia familiar intensa resulta agotadora, sobre todo cuando se encadenan planes sin respetar sus tiempos de descanso. La clave está en mantener a la persona implicada en las decisiones y no convertir el viaje en una agenda cerrada.
“Las vacaciones pueden ser una oportunidad muy valiosa para compartir tiempo en familia y fortalecer los vínculos, pero también pueden hacer más visibles algunas dificultades, como la pérdida de autonomía, la tristeza o la sensación de depender demasiado de los demás. Por eso, es importante dedicar tiempo a escuchar a la persona mayor, preguntarle cómo se siente y qué necesita en cada momento. Incluirla en decisiones sencillas —como elegir un plan o decidir cuándo descansar— y respetar sus ritmos ayuda a reducir la ansiedad y favorece que viva el verano de forma más tranquila, segura y satisfactoria”, señala Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas Mayores recomiendan una serie de pautas para organizar las vacaciones con personas mayores:
“Una buena planificación permite disfrutar de las vacaciones sin comprometer la salud ni la autonomía. El objetivo es conservar aquello que da seguridad, adaptar los planes a la capacidad funcional de cada persona y consultar, también mediante videoconsulta cuando se está fuera del domicilio habitual, si aparecen dudas sobre medicación, enfermedades crónicas o cambios físicos y emocionales”, concluye la directora Médica de Sanitas Mayores.
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