El sector de los cuidados y la atención a la dependencia es uno de los ámbitos más feminizados del sistema sociosanitario. También lo es buena parte de la investigación y el trabajo académico en torno al envejecimiento. Una de las voces más reconocidas en este campo es Sacramento Pinazo, doctora en Psicología, profesora titular de Psicología Social en la Universidad de Valencia desde 1999, y directora del Grupo de Investigación BestAGING, Intervención Psicosocial en los envejecimientos y cuidados en el ciclo vital en la Universidad de Valencia. Asimismo, ocupó la presidencia de la Sociedad Valenciana de Geriatría y Gerontología y la vicepresidencia de la SEGG. Con una trayectoria marcada por la investigación en relaciones intergeneracionales, soledad, envejecimiento activo y mirada de género en los cuidados, su trabajo ha contribuido a transformar la forma de comprender el envejecimiento y la participación social de las personas mayores.
Su interés por este ámbito comenzó desde la Psicología Social, analizando cómo se relacionan las generaciones y cómo su ausencia puede llevar “a la soledad o al aislamiento”. Su primera investigación, en 1993, ya se centró en conocer “las actitudes de los adolescentes hacia las personas mayores”, un trabajo que recibió un premio de investigación y que marcó el inicio de una trayectoria dedicada a comprender y fortalecer los vínculos intergeneracionales.
A partir de ese momento, su trabajo académico se orientó hacia la investigación sobre estas relaciones, y en especial la de “abuelos-nietos, buena para ambos colectivos”. De ese interés surgieron distintos proyectos y publicaciones que analizaron “la influencia de los abuelos en la socialización familiar de los nietos” y “los factores que determinan una buena relación abuelos-nietos”.
Soledad en las personas mayores
Aquellas investigaciones fueron también el punto de partida de numerosos programas de intervención y proyectos intergeneracionales, que generaron investigaciones y publicaciones, y siguen ampliando conocimiento en el campo de la gerontología social.
Su curiosidad investigadora la ha llevado también a explorar ámbitos con menos producción científica. Así ocurrió con la soledad: “Antes de la pandemia casi nadie hablaba de soledad”, recuerda. En 2013 inició una investigación sobre intervención psicosocial en este ámbito que dio lugar a diferentes publicaciones, entre ellas un libro pionero en castellano publicado por Fundación Pilares.
Su investigación más reciente, en 2026, se centra en “la soledad de las personas mayores que son cuidadoras de otras en situación de dependencia”. Incluso acontecimientos recientes, como la DANA que afectó a Valencia en 2024, han marcado nuevas líneas de trabajo: “hemos investigado el impacto de la inundación en personas mayores y ahora estamos haciendo talleres de intervención para mejorar el bienestar en personas afectadas”.
Preguntas clave que plantea el sector
En las últimas décadas, Pinazo considera que la evolución del sector de los cuidados ha sido clara y así evalúa el gran cambio: “Yo diría que poner a la persona en el centro de los cuidados en lugar de la organización encargada de los cuidados y que se defiendan los derechos de las personas mayores”. Para ella, el envejecimiento de la población obliga a repensar el sistema porque cada vez habrá más personas mayores, y algunas de ellas necesitarán ayuda en los cuidados. Y plantea preguntas clave: “¿Quién va a cuidar y cómo? ¿Qué formación o capacitación deben tener? ¿Cómo asegurar que se da un cuidado digno y respetuoso?”.
La cuestión de los derechos es otro de los grandes avances que observa. España está cerca de firmar la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas Mayores, una iniciativa global impulsada desde Naciones Unidas. Este marco reforzará “la igualdad, la no discriminación y la protección integral de los derechos de las personas mayores”, estableciendo una base para orientar políticas y servicios.
A lo largo de su carrera, nuestra protagonista ha liderado equipos de investigación en un entorno en el que, “por suerte, en ciencias de la salud y ciencias sociales hay muchas mujeres docentes e investigadoras que son un ejemplo”.
Sin embargo, también reconoce dificultades estructurales que les pasan factura, como la de ser madre y la dedicación a los cuidados: “Todavía nos falta mucho por avanzar”.
Entre los momentos que recuerda con especial satisfacción está haber sido seleccionada para la exposición “Las 20 de la psicología española”, organizada en 2020 por la Universidad Miguel Hernández de Elche para reconocer las aportaciones de mujeres investigadoras en este campo.
Programas universitarios para personas mayores
Otra parte esencial de su trayectoria ha sido la gestión de programas universitarios para personas mayores, como La Nau Gran y Universitat dels Majors en la Universidad de Valencia. “Durante mis años de gestión ampliamos la oferta de programas de aprendizaje a lo largo de la vida”, recuerda.
Aquella experiencia le permitió convivir con miles de estudiantes mayores de 55 años, algunos incluso cercanos a los 100. Un contacto que le permitió “aprender muchísmo sobre envejecimiento saludable y productivo”.
Ese trato directo transformó también la manera de entender las motivaciones y preferencias de quienes envejecen, “clave para reorientar el programa” desde las necesidades: “¿Por qué alguien que se ha jubilado quiere ahora venir a clase en la universidad varios días por semana? ¿Qué esperan del programa? ¿Cómo deberían ser las clases?”.
En su propia vida, esa experiencia también ha tenido impacto porque mantiene amistades con personas de más de 90 años que le han ayudado a tener presentes algunas claves para intentar envejecer con “más salud física, emocional, cognitiva y social”. Además, sus investigaciones le han ayudado a identificar algunas claves para un envejecimiento saludable: “la necesidad de ejercicio físico cotidiano, el papel de las redes sociales en nuestras vidas y lo importante que es tener una vida con propósito”.
La perspectiva de género
En su trabajo investigador, la perspectiva de género ocupa un lugar central, “importantísimo”. Sus estudios se han centrado en “las mujeres cuidadoras, las mujeres que viven solas, las mujeres centenarias o las mujeres profesionales del cuidado”. Y recuerda que los datos reflejan esta realidad: “cuando hablamos de personas mayores hay más mujeres que hombres, sobre todo entre las muy mayores; cuando hablamos de cuidadores hay más mujeres necesitadas de ayuda; y cuando hablamos de personas cuidadoras hay más mujeres”.
Estas desigualdades también se reflejan en la salud y en la vulnerabilidad social. “Hay más mujeres que viven con condiciones económicas precarias” y también existen enfermedades más prevalentes entre ellas, como la depresión. Por eso insiste en que “la perspectiva de género en salud es algo que no podemos olvidar”, porque su abordaje significa “reconocer y abordar las diferencias biológicas, sociales y culturales entre mujeres y hombres en relación con la salud y la enfermedad”.
Innovación e intergeneracionalidad
Su experiencia internacional también ha impulsado su visión del envejecimiento. Ha participado en foros y proyectos que promueven sociedades inclusivas para todas las edades. “He visto cómo las ciudades piensan para la diversidad de personas con un enfoque de ciclo vital”, explica, en iniciativas como “a society for all ages” o “age-friendly cities”. La clave está en la equidad: “somos diversos, diferentes, pero es necesario aplicar equidad en las políticas sin dejar a nadie atrás.”
En este sentido, destacan experiencias innovadoras que integran generaciones en los mismos espacios. En Estados Unidos, llamó la atención el modelo de residencias que comparten instalaciones con guarderías, los llamados “shared sites”. “Es impresionante el impacto que produce la relación intergeneracional cotidiana tanto en las personas mayores como en los niños y niñas”. En España, ya existen iniciativas similares, como el centro intergeneracional de referencia de Granada, que combina escuela infantil y centro de día.
Para Pinazo, la solidaridad intergeneracional fortalece la inclusión y la justicia entre generaciones. Además, recuerda que las personas mayores no solo necesitan cuidados, sino que también son un recurso para la sociedad: “Las mujeres y los hombres mayores son un recurso para nuestras sociedades gracias a sus contribuciones mediante el trabajo, el voluntariado, los cuidados informales, la creatividad, la experiencia y como personas consumidoras”. Porque, concluye, “los derechos humanos y la dignidad no disminuyen con la edad y deben respetarse a lo largo de toda la vida”.
En clave femenina
Mujer a la que admira: Pilar Rodríguez (Fundación Pilares), Loles Díaz-Aledo (Fundación Grandes Amigos), Pilar Serrano (grupo Senior de la SEGG).
Afición: música y baile (especialmente jazz y soul), montañismo, baños en el mar, lectura, teatro, cine…
Lugar preferido: En Europa, Irlanda. En España, Pirineo Navarro.
Reto: seguir investigando desde la innovación social y, sobre todo, hacer transferencia del conocimiento, que es la tercera misión de la Universidad (la docencia, primera misión; la investigación científica, segunda misión; y la transferencia/innovación/compromiso social, tercera misión).
Propósito: tener un envejecimiento productivo con un claro compromiso por el bien común.














