Natalia Roldán, directora corporativa del Área de Organización, Control y Responsabilidad Social Corporativa del Grupo EULEN.
Algunas carreras profesionales se desarrollan paso a paso, casi sin que la persona que las protagoniza se dé cuenta de que está recorriendo un camino de liderazgo. Así ha sido la carrera de Natalia Roldán, una de las voces más influyentes del sector sociosanitario en España durante las últimas décadas.
Psicóloga clínica de formación y directiva con una larga trayectoria en la gestión de servicios de atención a la dependencia, lleva cerca de treinta años dedicada a un ámbito que considera mucho más que un trabajo: una forma de compromiso con las personas y con la sociedad.
Directora corporativa del Área de Organización, Control y Responsabilidad Social Corporativa del Grupo EULEN y anteriormente subdirectora general de EULEN Sociosanitario, Roldán fue también la primera mujer en presidir la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), la patronal que agrupa a algunos de los principales operadores del sector.
Su primer contacto con el sector sociosanitario llegó a mediados de los años noventa. Recién licenciada en Psicología Clínica por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó a trabajar en una de las primeras residencias de la Comunidad de Madrid cuya gestión había sido externalizada mediante un concurso público. El centro contaba con 220 plazas residenciales y 40 de centro de día, y se convirtió en su verdadera escuela profesional. “Ese día a día sigue siendo una referencia para mí incluso hoy”, recuerda.
Trabajar directamente con personas mayores, con sus familias y con equipos profesionales multidisciplinares le permitió comprender desde el principio la complejidad del cuidado. Allí aprendió que la atención a la dependencia no es solo una cuestión organizativa o sanitaria, sino también humana. Ese conocimiento práctico ha marcado toda su trayectoria posterior.
Con el paso de los años, Natalia Roldán fue asumiendo distintas responsabilidades dentro del sector, evolucionando desde la atención directa hacia la gestión y la dirección empresarial. Pero, según explica, ese recorrido nunca respondió a un plan preestablecido. “No fue un camino diseñado para llegar a ningún lugar concreto”, afirma. “Fue más bien el resultado de un compromiso constante con lo que hacía en cada etapa”.
Su desarrollo profesional dentro del Grupo EULEN refleja precisamente esa evolución natural. La compañía, según asegura, ha apostado históricamente por la promoción interna y por el conocimiento especializado como base del crecimiento profesional.
Y, para Roldán, esa cultura organizativa fue decisiva. Le permitió crecer dentro de la empresa mientras profundizaba en la comprensión del sector.
Cuando se le pregunta qué se necesita para dirigir organizaciones en el ámbito de los cuidados, su respuesta combina visión empresarial y sensibilidad humana.
Gestionar bien es imprescindible, pero no suficiente. Según apunta, liderar en este sector exige rigor técnico, capacidad estratégica y visión empresarial, pero también empatía, escucha activa y una profunda coherencia ética. “No basta con gestionar bien; hay que comprender lo que significa cuidar”, señala.
Tomar decisiones en este ámbito implica tener siempre presente el impacto que estas tendrán en la vida de las personas. Por eso, considera que el liderazgo en el sector sociosanitario debe construirse desde la conciencia de esa responsabilidad.
Como para muchos profesionales del sector, la pandemia de la COVID-19 fue uno de los momentos más difíciles de su carrera.
No solo por la complejidad de la gestión interna en un contexto de crisis sanitaria sin precedentes, sino también por la sensación de incomprensión social hacia el trabajo que realizaban las organizaciones y los profesionales de los cuidados.
Aquella etapa la llevó a reflexionar sobre el sector y sobre el papel que desempeña en la sociedad. Le sorprendió especialmente la escasa visibilidad pública de un ámbito que funciona todos los días del año, las 24 horas, garantizando atención y apoyo a miles de personas: “El sector funciona 365 días al año, 24 horas al día, con un compromiso absoluto, pero muchas veces solo se habla de él cuando ocurre algo excepcional”. Lejos de alejarla del sector, aquella experiencia reforzó su convicción de que es necesario explicar mejor su valor y dignificar la conversación pública sobre los cuidados.
Para Natalia Roldán, el sector sociosanitario no solo es necesario: es estratégico. El aumento de la esperanza de vida y la creciente prevalencia de enfermedades crónicas hacen que cada vez más personas necesiten apoyos profesionales a lo largo de su vida. Esto obliga a desarrollar sistemas de atención más integrados, capaces de combinar recursos domiciliarios, comunitarios y residenciales.
Además, el sector tiene un impacto económico y social enorme. Genera empleo, impulsa la innovación tecnológica, contribuye a la cohesión social y refleja los valores con los que una sociedad decide cuidar a sus ciudadanos más vulnerables. Por todo ello, considera que la atención a la dependencia debería situarse en el centro de la agenda política. “No entiendo cómo un ámbito tan relevante no forma parte de las prioridades estratégicas del país bajo un gran pacto de Estado”, subraya.
Durante su etapa al frente de AESTE, Natalia Roldán impulsó iniciativas destinadas a reforzar la presencia del sector español en el ámbito europeo. Una de las más relevantes fue el establecimiento de una interlocución directa con instituciones comunitarias y representantes políticos en Bruselas. El objetivo era trasladar la visión española del sector sociosanitario a los espacios donde se diseñan muchas de las políticas que afectan a su futuro.
Gracias a este trabajo, la patronal se incorporó a la European Federation of Social Employers y pasó a participar en el Comité Europeo de Diálogo Social para los servicios sociales. Este paso permitió que las empresas españolas del sector participaran activamente en el debate europeo sobre empleo, calidad asistencial y sostenibilidad de los sistemas de cuidados. En 2024, ese esfuerzo fue reconocido con el premio “Aquí Europa”, otorgado a AESTE por su contribución a la construcción europea.
Otra de las líneas estratégicas que impulsó durante su presidencia fue la participación en la creación de “alianzas”, una iniciativa orientada a coordinar la voz de distintos sectores empresariales vinculados a servicios esenciales. La idea era construir un espacio de diálogo y colaboración capaz de influir de manera constructiva en debates clave relacionados con la contratación pública, la legislación laboral o la sostenibilidad de los servicios. Para Roldán, este tipo de iniciativas reflejan una convicción clara: los grandes retos del sector solo pueden abordarse desde la cooperación.
Aunque el sector sociosanitario cuenta con una base profesional mayoritariamente femenina, durante muchos años los puestos de mayor responsabilidad han estado ocupados por hombres. Natalia Roldán considera que esa situación está cambiando progresivamente. Las nuevas generaciones de profesionales -concreta- probablemente no se plantean las mismas barreras que encontraron quienes las precedieron.
Aun así, defiende que el acceso a puestos de liderazgo debe producirse siempre en igualdad de condiciones.
Las organizaciones, afirma, se fortalecen cuando incorporan talento diverso y cuando las oportunidades no están condicionadas por factores como el género.
Dirigir organizaciones que prestan servicios las 24 horas del día implica asumir una gran responsabilidad. La conciliación entre la vida profesional y personal no siempre es sencilla. Roldán reconoce que ese equilibrio solo es posible cuando existe un entorno personal que comprende la naturaleza de ese compromiso.
Durante la pandemia, esa realidad se hizo especialmente evidente. Los meses de mayor incertidumbre exigieron una dedicación extraordinaria, tanto desde el punto de vista profesional como emocional.
En aquel momento comprendió con claridad que el liderazgo nunca se ejerce en solitario.
Cuando piensa en el futuro, Natalia Roldán no lo hace en términos de cargos o posiciones. Su prioridad es seguir trabajando en proyectos que estén alineados con sus valores y que contribuyan a mejorar el entorno en el que vive. Para ella, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es una condición esencial del liderazgo.
En el plano personal, aspira a recuperar algo que la intensidad del trabajo muchas veces deja en segundo plano: el tiempo. Tiempo para leer, para escuchar música, para caminar junto al mar o para dedicarse a sus aficiones más curiosas, como construir figuras de Lego.
Pero, incluso cuando imagina ese futuro más pausado, hay algo que permanece constante en su mirada: la certeza de que trabajar por dignificar el sector de los cuidados es, en última instancia, trabajar por la sociedad en la que todos viviremos algún día. Porque “todos necesitaremos cuidados en algún momento de nuestra vida”. Y construir hoy un sistema más digno, más profesional y humano es una responsabilidad colectiva que trasciende cualquier trayectoria individual.
Aficiones: muchas, algunas muy clásicas como escuchar música, leer, andar, disponer de tiempo para pensar y observar; una curiosa: hacer legos.
Lugar: allí donde haya mar con una gran playa para pasear.
Reto: hacer un día a día en el que los valores y la forma de proceder estén alineados.
Propósito: cumplir años (envejecer) de forma activa, física y mentalmente hablando.
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