Encuentros intergeneracionales en residencias: una herramienta contra el edadismo y a favor del envejecimiento activo

Niña y anciana compartiendo actividades en una residencia
Actividades intergeneracionales fomentan la conexión entre jóvenes y mayores.

Los encuentros intergeneracionales en residencias de mayores se están consolidando como una de las iniciativas con mayor impacto positivo dentro del sector sociosanitario. La colaboración entre residencias y centros educativos no solo favorece el envejecimiento activo, sino que también contribuye a combatir el edadismo y a reforzar la integración comunitaria.

Cada vez más residencias en España organizan actividades intergeneracionales con colegios e incluso escuelas infantiles. Estas iniciativas permiten que niños y personas mayores compartan tiempo, conversación y dinámicas adaptadas, generando beneficios mutuos y fortaleciendo el vínculo entre generaciones.

Beneficios de los encuentros intergeneracionales en residencias

Según explican desde el Grupo Casablanca, este tipo de actividades aportan mejoras en distintas áreas de la salud y el bienestar de los residentes.“Para las personas mayores, el contacto con niños y jóvenes actúa como un estímulo muy completo”, señalan fuentes de la organización.

Estimulación cognitiva y emocional

En el plano cognitivo, las actividades intergeneracionales favorecen la memoria, el lenguaje y la atención. Conversar con escolares, relatar experiencias vitales o participar en juegos y dinámicas grupales activa procesos mentales clave en el envejecimiento activo.

Además, estas experiencias refuerzan el bienestar emocional. “En muchas actividades surge de forma natural una sensación muy valiosa: sentirse parte activa de lo que ocurre, aportando experiencia y puntos de vista propios”, destacan desde los centros. Esta participación activa fortalece la autoestima y el sentido de utilidad social.

Actividad física y participación social

Los encuentros también incluyen un componente físico. Cuando la actividad lo permite, los residentes se levantan, caminan o se desplazan para integrarse en juegos y talleres, siempre dentro de sus posibilidades. Esta movilización complementa los programas de actividad física y rehabilitación que forman parte del día a día en las residencias.

Desde el punto de vista social, estas iniciativas refuerzan la conexión con el entorno y convierten la residencia en un espacio abierto a la comunidad.

Cómo las actividades intergeneracionales ayudan a combatir el edadismo

El edadismo, es decir la discriminación por razón de edad, sigue siendo uno de los grandes retos sociales. Las actividades intergeneracionales en residencias permiten desmontar estereotipos desde la experiencia directa.

Para los niños, visitar una residencia de mayores supone descubrir una realidad distinta y aprender valores como la paciencia, la escucha activa y el respeto. Compartir canciones, juegos o conversaciones contribuye a normalizar el envejecimiento y a generar empatía.

Desde Grupo Casablanca subrayan que la clave está en la reciprocidad: “Los mayores no son espectadores: participan, conversan, enseñan, cantan o simplemente disfrutan del momento. Los niños no ‘visitan un lugar’, sino que entran en un entorno donde se cuida y se vive, y donde es posible crear vínculos”.

Residencias abiertas a la comunidad

La apuesta por los programas intergeneracionales forma parte de una tendencia más amplia dentro del modelo de atención centrada en la persona. Las residencias de mayores buscan cada vez más integrarse en su entorno, generar redes comunitarias y ofrecer experiencias significativas a sus residentes.

En este contexto, los encuentros intergeneracionales no son solo una actividad puntual, sino una herramienta estratégica para promover el envejecimiento activo, mejorar la calidad de vida y avanzar hacia una sociedad más cohesionada y menos marcada por el edadismo.

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