El camino para captar y gestionar el talento: más profesionales, mejor formación y mayor reconocimiento para el sector de los cuidados

El camino para captar y gestionar el talento: más profesionales, mejor formación y mayor reconocimiento para el sector de los cuidados.
El camino para captar y gestionar el talento: más profesionales, mejor formación y mayor reconocimiento para el sector de los cuidados.

El sector sociosanitario y de los cuidados a personas mayores afronta un reto que va mucho más allá de la falta de profesionales. El envejecimiento de la población, el aumento de la dependencia y la cronicidad están acelerando la demanda de cuidados a un ritmo superior a la capacidad actual de atraer, formar y fidelizar talento.

A este desafío se suma una transformación profunda del propio perfil profesional. Cuidar ya no significa únicamente realizar tareas asistenciales, sino observar, anticiparse, acompañar emocionalmente, coordinarse con otros profesionales, comunicarse con las familias y adaptarse a situaciones cada vez más complejas. Por eso, las competencias relacionales, emocionales y digitales ganan peso en un modelo de atención más centrado en la persona.

En este contexto, la formación aparece como una de las grandes palancas de cambio. Tanto desde el sector como desde los centros formativos se coincide en que los itinerarios actuales deben actualizarse y alinearse mejor con la realidad asistencial. Para Mercè Chacón, directora general y de extensión académica de Metrodora FP, la formación profesional debe jugar un papel vertebrador en la profesionalización, acreditación y dignificación de los cuidados.

Un desafío estructural de cuidados

Asimismo, Josune Méndez, secretaria general de la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), considera que el principal reto es “estructural” y que a la demanda creciente de cuidados se le suman cuestiones como una imagen poco atractiva del sector, que hace difícil la incorporación de nuevas personas, la necesidad de disponer de una oferta formativa que dé respuesta real a lo que los distintos puestos requieren en el contexto del modelo actual de cuidados y, al mismo tiempo, poder ofrecer una alternativa de desarrollo profesional de interés para las personas.

En este contexto, Katia Lérida, responsable de Desarrollo del Instituto de la Dependencia en el Foro Técnico de Formación (FTF), y Patricia Solís, investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y miembro del comité técnico asesor de FTF, abordan en el estudio “Perfil competencial de los profesionales del cuidado” una de las problemáticas más urgentes del sector sociosanitario: la brecha existente entre la formación inicial de los profesionales de atención directa y las competencias que exige el trabajo real en los centros y servicios de atención a la dependencia.

Patricia Solís, investigadora en el sector sociosanitario, con fondo neutro.
Patricia Solís, investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y miembro del comité técnico asesor de FTF.

Las expertas advierten del “riesgo de diseñar soluciones desde el despacho y no desde la realidad del trabajo cotidiano”, y subrayan la necesidad de “entender qué está ocurriendo realmente en los centros, en los servicios domiciliarios y en el día a día de quienes cuidan”. “Necesitamos combinar evidencia técnica con experiencia práctica. Analizar normativa y programas formativos es importante, pero igual de importante es escuchar a profesionales, responsables asistenciales y expertos del sector”, agregan.

El cambio del perfil y rol profesional

El sector, según señalan, está atravesando un momento especialmente sensible, con todos los retos que afronta, y consideran necesario entender que el perfil profesional del cuidado está evolucionando de “roles más asistenciales a otros que implican observar, anticiparse, acompañar emocionalmente, coordinarse con otros profesionales, comunicarse con familias, adaptarse a cada persona y trabajar en entornos cada vez más complejos”.

De esta forma, reclaman que el sector, más allá de necesitar más profesionales, va a precisar mejores condiciones para atraer y fidelizar talento, porque es “una labor de altísimo valor humano y creciente complejidad profesional”.

La formación y la realidad asistencial

En este sentido, la formación aporta un valor esencial, pero ¿está realmente preparada la formación actual para el nuevo modelo de cuidados? Josune Méndez considera que “los itinerarios formativos no se han adaptado al mismo ritmo que evoluciona el modelo de cuidados”, como analizan en su estudio Katia Lérida y Patricia Solís.

Katia Lérida, responsable de Desarrollo del Instituto de la Dependencia en Foro Técnico de Formación (FTF).
Katia Lérida, responsable de Desarrollo del Instituto de la Dependencia en Foro Técnico de Formación (FTF).

Las profesionales de FTF y UNIR, respectivamente, sitúan como ejemplo la atención centrada en la persona con varias incógnitas por resolver: ¿Cómo respetamos preferencias? ¿Cómo acompañamos sin infantilizar? ¿Cómo promovemos autonomía incluso en situaciones de gran dependencia?

“También vemos carencias claras en competencias emocionales, gestión del desgaste profesional, comunicación con familias y uso de herramientas digitales. Y algo importante: muchas organizaciones nos trasladan que una acreditación formal no siempre significa que una persona llegue preparada para la realidad del puesto”, analizan.

Lérida y Solís concluyen que existe una cierta brecha entre formación y realidad asistencial, no porque la formación actual sea incorrecta, sino porque necesita actualizarse al ritmo de los cambios del propio sector.

Aspectos clave en esta relación

Por su parte, Mercè Chacón agrega que, a pesar de que las últimas reformas legales y el impulso de la nueva formación profesional dual intentan cerrar esta brecha, aún existe un desalineamiento entre los contenidos teóricos que se enseñan en las aulas y la realidad diaria que se vive en los centros:

La presión del tiempo frente a la atención centrada en la persona

La falta crónica de personal y las ratios ajustadas hacen que las tareas físicas y mecánicas acaben imponiéndose al acompañamiento emocional y a la atención personalizada.

El debate entre las competencias sanitarias y sociales

Organizaciones profesionales denuncian que la formación no prepara suficientemente al alumno para la complejidad de la gestión clínica ante perfiles de mayor deterioro, pluripatologías o demencias avanzadas.

La brecha tecnológica real

En el aula se habla de software de teleasistencia avanzada, uso de tabletas y entornos domóticos modernos, pero muchos centros asistenciales disponen de recursos digitales limitados o sistemas obsoletos y no permiten que las competencias digitales puedan aplicarse.

Gestión de emergencias y salud mental

La asistencia está marcada por la necesidad de improvisar ante crisis conductuales graves, relacionadas con el Alzheimer, otras demencias o problemas de salud mental. En estas situaciones, el personal expresa la sensación de no contar con suficientes herramientas de comunicación, contención emocional o gestión de conflictos.

Acreditación oficial y empleo estable

La directora general y de extensión académica de Metrodora FP reivindica que la formación profesional debe consolidarse como la base estratégica de una transformación imprescindible, dotando de competencias a los profesionales que permitan dignificar y profesionalizar un sector esencial para la sociedad.

Mercè Chacón, directora general y de extensión académica de metrodora FP.
Mercè Chacón, directora general y de extensión académica de metrodora FP.

De esta manera, lo reforzaría por dos vías: la acreditación oficial y el empleo estable, combatiendo la precariedad mediante perfiles técnicos cualificados.

A ello se suma un factor demográfico clave: en 2050 más de la mitad de la población de la Unión Europea será mayor de 55 años.

Esto obliga a una mayor especialización en cronicidad, salud mental y atención centrada en la persona. Así, se necesitarán más profesionales y mejor cualificados: auxiliares geriátricos, perfiles de enfermería comunitaria, terapeutas ocupacionales, gestores de casos y especialistas en coordinación sociosanitaria, atención domiciliaria, teleasistencia, monitorización remota, rehabilitación en casa y apoyo doméstico.

La digitalización y las tecnologías aplicadas al cuidado también requieren formación específica. La teleasistencia avanzada exige capacitar en software de monitorización remota; la domótica asistencial, gestionar hogares inteligentes adaptados a la dependencia; y las herramientas digitales serán imprescindibles para digitalizar historiales y mejorar la coordinación entre profesionales.

Principales títulos de FP

Mercè Chacón explica cuáles son los títulos de FP actuales que lideran este cambio:

Servicios Socioculturales y a la Comunidad: dos certificados obligatorios de referencia: Atención Sociosanitaria a Personas Dependientes en Instituciones Sociales (SSCS0208) y Atención Sociosanitaria a Personas en el Domicilio (SSCS0108).

Grado Medio: el perfil más demandado es el Técnico en Atención a Personas en Situación de Dependencia. Asimismo, resulta clave el Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE).

Grado Superior: Técnico Superior en Integración Social.

A estos títulos se suman los cursos de especialización o Grado E, especialmente en digitalización y teleasistencia, enfocados en tecnologías de monitorización, domótica aplicada a la dependencia y herramientas inteligentes para el hogar digital.

“En definitiva, la profesionalización mediante certificados y títulos contribuye a regularizar el sector, visibilizando y poniendo en valor un trabajo históricamente poco reconocido y desempeñado mayoritariamente por mujeres. Asimismo, favorece la estandarización de la atención, asegurando que todos los cuidadores, independientemente de dónde hayan aprendido el oficio, apliquen los mismos protocolos de seguridad, higiene y atención”, agrega Chacón.

Impulso al desarrollo profesional

De cara al futuro, para favorecer el desarrollo profesional continuo en el sector de los cuidados y garantizar que “los profesionales no se queden estancados”, la directora general de extensión académica de Metrodora FP considera que “es necesario crear un ecosistema flexible que combine incentivos laborales, formación accesible y reconocimiento oficial, como ocurre en cualquier sector”. “Es lo que desde Metrodora pretendemos impulsar a través de convenios con las empresas del sector y lo que, probablemente, también sería conveniente promover desde las patronales”, añade. Así busca conseguirlo:

  • Permitir que los trabajadores cursen unidades formativas muy cortas, como Grados A y B de FP, adaptadas a sus horarios.
  • Diseñar itinerarios en los que la suma progresiva de estas pequeñas formaciones acabe otorgando un título de FP superior o un certificado profesional.
  • Crear categorías profesionales diferenciadas dentro de las residencias o de la ayuda a domicilio, para que el cuidador tenga la opción de ascender a puestos de coordinación o tutorización.
  • Fomentar que las empresas faciliten horas libres pagadas o integradas en el horario laboral para realizar los cursos, evitando que el trabajador tenga que sacrificar su tiempo de descanso.
  • Optimizar el uso de los fondos de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo, FUNDAE, por parte de las residencias, para financiar cursos especializados a coste cero para su plantilla.
  • Utilizar entornos virtuales y de teleformación interactiva para que los profesionales puedan actualizarse desde cualquier lugar, algo clave para el personal de ayuda a domicilio en zonas rurales.

De hecho, «en Metrodora estamos trabajando intensamente para mejorar, si cabe, nuestro proyecto de formación online, con el objetivo de dar impulso a estas iniciativas y utilizar la IA generativa no para sustituir personas por máquinas, sino para perfeccionar la formación y capacitación de las personas y avanzar en su profesionalización», afirma.

Colaboración para captar y gestionar talento

La gestión y la captación del talento en cuidados no puede abordarse únicamente como un problema laboral. Las expertas coinciden en que se trata de un desafío estructural, social y formativo. “Hablamos de un sector esencial, intensivo en personas, con un enorme impacto social y muchas posibilidades en cuanto al desarrollo profesional, pero que históricamente no ha tenido el reconocimiento que merece: ni social, ni económico, ni institucional”, señala Josune Méndez.

Josune Méndez, secretaría general de AESTE.
Josune Méndez, secretaría general de AESTE.

En este sentido, la secretaria general de AESTE reivindica compromiso y colaboración entre todos los agentes implicados para seguir trabajando para que sea posible mejorar las condiciones laborales de los profesionales y adaptarse a las expectativas de las nuevas generaciones, al mismo tiempo que se refuerza el reconocimiento social de los cuidados.

Tecnología aplicada a la formación

Asimismo, la tecnología, “bien planteada”, según valoran Katia Lérida y Patricia Solís, puede convertirse en un actor principal y reducir carga administrativa, mejorar coordinación, facilitar el seguimiento asistencial y liberar tiempo para la atención directa.

“Herramientas de historia sociosanitaria, gestión de medicación, monitorización o teleasistencia avanzada pueden mejorar tanto la calidad del servicio como las condiciones de trabajo de los equipos”, agregan.

Sin embargo, la digitalización también plantea retos importantes, como la brecha en competencias digitales. En cualquier caso, la tecnología no se considera un sustituto, sino como una herramienta de apoyo al cuidado.

Todos estos factores son esenciales, pero apuntan también a una cuestión de fondo: la necesidad de dignificar profesionalmente el sector de los cuidados. Mientras se siga transmitiendo la idea de que cuidar es una ocupación de baja cualificación o con escaso recorrido, como advierten las expertas, será difícil atraer y retener talento de forma estable. Sin embargo, la realidad es justamente la contraria: hablamos de un ámbito estratégico para el futuro, llamado a ocupar un papel central en una sociedad cada vez más envejecida y necesitada de cuidados de calidad. Cuidar será, sin duda, una de las profesiones más necesarias de nuestro tiempo.

Formación: habilidades emocionales y relacionales

La formación desempeña un papel fundamental en la profesionalización del sector de los cuidados, pero no solo desde el punto de vista técnico. Las competencias emocionales y relacionales adquieren cada vez más peso en un modelo asistencial centrado en la persona.

Patricia Solís, investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y miembro del comité técnico asesor de FTF; Josune Méndez, secretaria general de AESTE; y Katia Lérida, responsable de Desarrollo del Instituto de la Dependencia en el Foro Técnico de Formación (FTF), señalan que estas habilidades “deberían tener muchísimo peso en el ámbito de la formación, mucho más del que tradicionalmente han tenido”. “Cuando pensamos en cuidados, solemos imaginar procedimientos técnicos. Pero gran parte del trabajo ocurre en el vínculo humano. Una persona profesional puede hacer perfectamente una movilización desde el punto de vista técnico, pero si no sabe comunicar tranquilidad, generar confianza o interpretar el estado emocional de la persona, la calidad del cuidado cambia radicalmente”, detallan.

El sector sociosanitario cuenta con profesiones emocionalmente exigentes, marcadas por el desgaste, la frustración, el duelo, el deterioro de las personas atendidas o los conflictos con familias. Sin embargo, no siempre se dota a los profesionales de herramientas suficientes para gestionar estas situaciones. “Debemos dejar de hablar de habilidades ‘blandas’. En cuidados son competencias esenciales”, subrayan.

En esta misma línea, Josune Méndez, secretaria general de la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), apunta que algunas de las mayores brechas entre la formación y las necesidades reales de los centros se encuentran en ámbitos como la adaptación al nuevo modelo de cuidados, la digitalización, las competencias relacionales y emocionales, la intervención conductual, el trabajo interdisciplinar y la prevención del desgaste profesional.

Áreas de refuerzo

Entre las áreas que deberían reforzarse en los planes de estudio, Lérida y Solís destacan:

  • Atención centrada en la persona, no solo como concepto, sino como práctica real.
  • Comunicación y relación interpersonal: escucha activa, empatía profesional, resolución de conflictos y relación con familias.
  • Gestión emocional y autocuidado profesional, porque cuidar también requiere sostenerse uno mismo.
  • Competencias digitales aplicadas al cuidado, ya que la tecnología forma parte del ecosistema asistencial.
  • Observación y criterio profesional para detectar cambios físicos, cognitivos o emocionales y saber cuándo actuar o escalar una incidencia.

En definitiva, se trata de formar profesionales más autónomos, más preparados y más conectados con la realidad del cuidado actual.

Retos en los centros de formación

Los centros de formación especializada en el sector sociosanitario y de los cuidados afrontan una transformación estructural para adaptarse al envejecimiento demográfico, a las nuevas exigencias normativas y a la evolución del modelo asistencial. Según Mercè Chacón, directora general y de extensión académica de metrodora FP, los principales retos son los siguientes:

Captación de alumnado y relevo generacional

La baja matrícula juvenil está vinculada, en parte, a la percepción social de que el sector de los cuidados está precarizado. A ello se suma la necesidad de romper el sesgo de género y atraer más perfiles masculinos a estas titulaciones. También existe un perfil de alumnado adulto que ya trabaja en el sector informal y busca la acreditación oficial, aunque encuentra dificultades para compatibilizar horarios laborales y formación.

Falta de docentes especializados

Los centros formativos compiten con el sector sanitario público y privado, que puede ofrecer mejores condiciones salariales a perfiles como enfermeros o médicos. Además, no siempre resulta sencillo encontrar profesionales con experiencia clínica real y capacitación pedagógica. A esto se añade la necesidad de actualizar al profesorado en ámbitos como salud mental, cronicidad y nuevas tecnologías.

Gestión de la FP Dual obligatoria

La implantación de este modelo exige captar empresas y centros con capacidad para tutorizar alumnado desde el primer año. También incrementa la carga administrativa, por la coordinación de planes formativos compartidos y la gestión de las altas en la Seguridad Social.

Desfase en infraestructuras y equipamientos

La formación necesita acercarse cada vez más a la realidad asistencial mediante simuladores, grúas avanzadas, software de teleasistencia, hogares domóticos o unidades específicas de demencia. El reto está en contar con recursos suficientes para replicar entornos reales de cuidado y entrenar competencias aplicables al día a día profesional.

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