Ángeles García Antón: La mujer que ayudó a sentar las bases de la geriatría social en España

Ángeles García Antón, miembro de la Junta Directiva y vocal sénior de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
Ángeles García Antón, miembro de la Junta Directiva y vocal sénior de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

El sector de los cuidados y la atención a la dependencia es, históricamente, un ámbito mayoritariamente femenino. Mujeres que, desde distintos perfiles profesionales, han contribuido a construir el sistema de atención a las personas mayores que hoy conocemos. Entre ellas destaca Ángeles García Antón, licenciada en Psicología, diplomada en Trabajo Social y máster en Gerontología Social. Fundadora de la Unidad de Trabajo Social del Servicio de Geriatría del Hospital Central de la Cruz Roja “San José y Santa Adela” de Madrid, el primer servicio de geriatría del país, ha dedicado más de cuatro décadas a impulsar la gerontología en España desde la docencia, la investigación, la formación y el compromiso con la mejora de la calidad de vida de las personas mayores.

Para comprender el inicio de su carrera, García Antón sitúa el contexto de aquellos años, cuando en España, en 1970, se vivía el inicio de un proceso de envejecimiento demográfico. Las personas mayores de 65 años representaban aproximadamente el 9,7 % de la población y la esperanza de vida se situaba en torno a los 72 años. En aquel momento, explica, “la atención a las personas mayores estaba basada en un modelo asistencial y no existía un enfoque geriátrico tal como lo concebimos en la actualidad”. Los recursos eran escasos y, mayoritariamente, las residencias estaban gestionadas por órdenes religiosas o entidades benéficas.

Impulso al sector gerontológico

En ese escenario, comenzó su andadura profesional. El Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid, el primer Servicio de Geriatría del país, se crea en 1970 con un gran desarrollo que lo convirtió en unidad geriátrica modelo y referente para el resto de los servicios del país. Fue entonces cuando inició su trabajo como profesional del Trabajo Social junto a los doctores Salgado Alba y Guillén Llera. García Antón formó parte de ese equipo multidisciplinario; en ese contexto, tuvo “la oportunidad de crear la primera Unidad de Trabajo Social en un Servicio de Geriatría”.

Recuerda aquella etapa como un momento de impulso a su carrera y descubrimiento de nuevas iniciativas. “Fue un golpe de suerte llegar a ese lugar y en ese momento”, reconoce. Su inquietud profesional y el apoyo del equipo le permitieron diseñar e iniciar una serie de programas que se han convertido en “pilares de lo que tenemos hoy”. García Antón confiesa que se guiaban por la ilusión y la firme creencia de que sus convicciones “bien documentadas podían promover la calidad de vida de los mayores”.

Su visión no se limitaba al entorno hospitalario, sino también a la necesidad de impulsar y crear programas en el sector gerontológico. No obstante, desde el inicio tuvo claro que la formación especializada debía ocupar un espacio prioritario: “Asumí el impulso y la organización de las prácticas de Trabajo Social sanitario en el medio hospitalario dirigidas al alumnado de las universidades de Comillas y la Complutense”.

Escala de valoración geriátrica

Uno de los grandes avances de esa etapa fue la creación de una herramienta pionera para la valoración geriátrica. “Esta necesidad nos llevó al doctor Guillén Llera y a mí a desarrollar un documento imprescindible para que todos los profesionales sociosanitarios pudiéramos hablar con un lenguaje común”, agrega. Así nació la Escala de Valoración de Cruz Roja, validada y publicada en 1972, “una herramienta sencilla, rápida y funcional para la valoración geriátrica, especialmente en entornos comunitarios y de atención primaria”.

“La longevidad no es solo vivir más, es vivir con sentido”

También participó en uno de los estudios más relevantes de la época sobre residencias. El trabajo de investigación “Chequeo a las residencias de España”, publicado en 1976, analizó la situación de los centros del país tras estudiar durante dos años 544 residencias, el 85 % de las existentes entonces. Sus resultados permitieron conocer la calidad y características de los centros residenciales para personas mayores en España en aquella época.

Dos tabús con su llegada a la SEGG

Paralelamente, su trayectoria quedó estrechamente ligada a la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. La SEGG abrió sus puertas a perfiles profesionales no médicos y le ofrecieron incorporarse a la Junta Directiva como trabajadora social. Un logro que le supuso romper dos tabús: ser la primera mujer en formar parte del equipo directivo de la SEGG y la primera socia no médica que lo conseguía.

A lo largo de su carrera, reconoce que sus dos “amores profesionales” han sido la SEGG y la Cruz Roja Española. Mientras que la Cruz Roja fue su “punto de partida”, el taller donde día a día diseñaban y desarrollaban programas para mejorar la vida de las personas mayores, la SEGG se convirtió en “la plataforma que facilitaba que esos programas se conocieran y se implantaran en otros servicios, en distintas comunidades autónomas y en Latinoamérica”.

Después de más de cuarenta años de experiencia, observa con claridad la evolución del sector. García Antón considera que se ha pasado de un enfoque asistencial y protector a un enfoque más preventivo, centrado en la autonomía y en el derecho de las personas mayores a “decidir sobre su propia vida”. En su opinión, la longevidad ha cambiado la forma de entender esta etapa. “La longevidad no es solo vivir más, es vivir con sentido”.

Hoy las personas mayores son diferentes a las de hace décadas. “Estamos ante una nueva manera de vivir la vida y de entender la vejez”, asegura. Ahora, según valora, son personas con más autonomía, más cultas, que tienen más claro cómo quieren envejecer. Esto obliga a adaptar los recursos y los sistemas de apoyo: “Los sistemas de apoyo deberán hacer una puesta a punto para dotar de eficacia y eficiencia sus prestaciones y adaptarlas a las nuevas necesidades”.

Labor de los cuidadores y formación

En ese escenario, pone en valor a los grandes artífices de los cuidados: los cuidadores. Como Coordinadora del Curso de la SEGG para Cuidadores de Personas Mayores en situación de Dependencia, insiste: “No podemos dejarlos atrás. Nuestro reconocimiento, apoyo y formación puede ayudarles a garantizar la calidad y continuidad de los cuidados”.

En cuanto al liderazgo femenino en el ámbito sociosanitario, García Antón lo define desde la experiencia del trabajo en equipo. El éxito, para ella, han sido las personas con las que ha formado equipos. “Ser líder es ser uno más. Liderar es servir.

Y cuando el trabajo afecta directamente a la vida de los demás, tienes que ser más servidor que líder e intentar no perder nunca la empatía, la escucha, la ilusión, el compromiso y la responsabilidad”, valora.

La formación ha sido otro de los pilares primordiales de su trayectoria porque ayuda a formar equipos y trabajar juntos con la misma mirada. Para ella, la formación debe ser la base para facilitar la calidad de atención que debemos prestar a las personas mayores, no solo desde el rigor científico, sino también desde el respeto, la dignidad y la ética. En este ámbito, además, desempeña un papel destacado como coordinadora y docente de los Cursos para Valoradores de la Ley de Dependencia de la Comunidad de Madrid.

Cuando mira hacia atrás, reconoce que resumir toda una trayectoria no es sencillo. Su trayectoria nació, según desvela, de “una vocación llena de inquietudes e ilusiones y de un enorme deseo de poner a disposición de los demás mis conocimientos y mi perseverancia”.

Una cuestión de vocación

A las nuevas generaciones que desean dedicarse a la geriatría o la gerontología les dejo una última reflexión: “Trabajar en este ámbito no es cuestión de notas, sino de vocación”. Porque cuidar significa mucho más que aplicar conocimientos técnicos: implica preservar el respeto, valorar los pequeños detalles, practicar la empatía y acompañar a las personas mayores.

La teoría es necesaria, “siempre hay que crecer desde la formación”, resalta, pero insiste en que hay algo que debe aprenderse: “Mantener la sensibilidad en la práctica diaria, escuchar y ponerse en el lugar del otro. Unas habilidades que marcan la diferencia en el trato a las personas mayores, así como las que ha mostrado García Antón durante toda su trayectoria.

En clave femenina

Mujer a la que admira: como profesional, a Mary Richmond, por su similitud y trayectoria pionera y comprometida en Trabajo Social. En lo personal, mi mayor admiración es para mi madre y mis dos abuelas.

Afición: los viajes con itinerarios diseñados por mí, a mi ritmo, dejando espacio para poder descubrir recorridos llenos de arte, el sabor de su gastronomía y su cultura. Como adoro leer, para mí el viaje empieza antes de partir: ese recorrido por las páginas de las guías aumenta la ilusión del viaje e imaginar lugares antes de pisarlos.

Lugar: soy muy europea. Adoro Portugal y me gustan mucho Italia y Francia.

Reto: superar un proceso oncológico te hace ver la vida con otra mirada a los demás y a ti misma.

Propósito: llenar el tiempo que me quede no solo con logros profesionales, sino también con el compromiso sincero de ser mejor persona cada día.

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