Libre elección en el ámbito comunitario y residencial
Natalia Roldán
Presidenta de AESTE
Desde AESTE, defendemos y creemos en la libre elección que todo ciudadano debe tener a la hora de decidir dónde y cómo quieren vivir y ser cuidados. Los centros residenciales son un recurso más que debe formar parte del ecosistema de servicios a disposición de las personas, al igual que lo son las diferentes alternativas de cuidados en el ámbito domiciliario.
Reivindicamos, por tanto, esa libre elección, tanto en el ámbito comunitario, como el residencial, además de la igualdad territorial en el sistema de atención. Se requiere, para ello, de un sistema flexible que tenga, realmente, a la persona en el centro y que pueda «consumir» los recursos en base a sus necesidades cambiantes.
Desde AESTE, no entendemos la institucionalización permanente como el primero de los recursos, salvo que la situación individual de cada caso así lo requiera, si no que somos conscientes de que las personas quieren permanecer en sus hogares el mayor tiempo posible, para lo que es totalmente necesario la existencia y desarrollo de un buen sistema de servicios de proximidad, con enfoque sociosanitario, que garanticen una correcta atención. De manera paralela, debe promoverse la agilidad precisa para que, llegado el momento en el que el cuidado en el domicilio no sea adecuado a las necesidades a cubrir, los centros residenciales se presenten como una opción garantizada y de calidad.
En este sentido, las alternativas actuales no se ajusta a todas las “realidades”, y es ahí precisamente donde debe fortalecerse el sistema, presentándose las residencias como un recurso disponible en varias etapas que pueden abarcar desde estancias temporales que necesiten únicamente recuperarse de dolencias transitorias, o cirugías, cuyos usuarios, posteriormente, vuelvan a su domicilio, como la solución a situaciones permanentes que requieran de atención y cuidados profesionales de manera continuada.
Por tanto, entendemos que las necesidades y la continua adaptación a las diferentes etapas del envejecimiento deben ser, sin duda, el centro de las políticas sociales, debiendo existir unos servicios acordes a cada momento de la vida y entre los que el propio usuario pueda ir eligiendo en función de las necesidades que más se adaptan a su momento actual, que les permitan disponer de los apoyos necesarios para poder permanecer en su propio entorno y que garanticen que, llegado el momento, existen centros altamente especializados que podrán atender correctamente sus necesidades, cuando ya no sea posible continuar en su propio domicilio.