Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Plena Inclusión ha lanzado la campaña #AtenciónALasFamilias para reclamar más ayudas públicas para miles de familias con personas con discapacidad intelectual y del desarrollo a su cargo. En vísperas del 8M, la entidad alerta, en este sentido, de la feminización de los cuidados: según una encuesta realizada por Plena Inclusión España en 2023, el 83% de quienes apoyan a estas personas en el ámbito familiar son mujeres, principalmente madres (68%), seguidas de hermanas (12%) y cuñadas (3%). Esta realidad supone para muchas de ellas importantes renuncias en su vida personal y laboral.
“Los derechos de las mujeres, afortunadamente han mejorado en nuestro país, pero todavía quedan muchas asignaturas pendientes. Y una de las que más nos preocupan es que ellas siguen siendo quienes soportan gran parte del esfuerzo diario que supone dar apoyo a una persona con discapacidad intelectual”, explica Carmen Laucirica, presidenta de Plena Inclusión España.
Dos realidades
Ghizlane tiene 29 años y vive en un barrio obrero de la capital. Cada día, con la salida del sol, se transforma en una ‘superwoman’ para afrontar la tarea cotidiana que supone ocuparse, prácticamente sola, de tres criaturas de uno, tres y cuatro años. Dos de sus hijos tienen discapacidad intelectual. Su pareja ahora no puede apoyarla ya que se encuentra en Marruecos trabajando. Sólo su madre le echa una mano siempre que puede. La dura existencia de Ghizlane Borji, en víspera del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, ejemplifica la vida de miles de mujeres en este país.
Ghizlane Borji es una de las protagonistas de #AtenciónALasFamilias, una campaña de Plena Inclusión España con la que se trata de hacer visibles las difíciles condiciones de la vida de muchas familias de personas con discapacidad intelectual y del desarrollo en la sociedad de los cuidados. Igual de que Ghizlane, Valentina Vera, una joven nacida en Bogotá pero que vive desde hace años en Madrid, debe asumir que la vida de una madre soltera de una niña con TEA no resulta sencilla si no cuentas con los apoyos públicos necesarios. “Emily al principio no hablaba. Lloraba y se quejaba. A veces se autolesionaba. Luego supimos que tenía autismo. Afortunadamente, con las terapias y los apoyos que hemos recibido, ahora va manejando mejor sus emociones”.
Agotamiento y falta de autocuidado y desconexión
“Vemos un enorme agotamiento, físico y emocional, en muchas madres de hijos con discapacidad, provocado por la sobrecarga de tareas y la soledad al realizarlas», apunta Cristina Sainz, psicóloga de ACEOPS, una entidad de Plena Inclusión Madrid. Sainz, una profesional con una extensa trayectoria en el apoyo a mujeres jóvenes con hijos e hijas con discapacidad intelectual y del desarrollo, describe una realidad preocupante: “Nos encontramos en nuestro centro a muchas madres que van corriendo, de un lado a otro, llevando a sus hijos al colegio, a terapias y a casa. Son mujeres que asumen, a menudo en solitario, la crianza de unos hijos que reclaman mucha atención y cuidados especializados”.
La presidenta de Plena inclusión España reclama que la realidad del sobreesfuerzo personal y económico, que afecta con mayor intensidad a las familias monomarentales, sea atendido como se merece por las administraciones públicas. “Necesitamos que se nos garanticen tiempos para el descanso, el autocuidado y la desconexión que compensen una rutina que termina minando nuestras fuerzas y nuestro ánimo”, sugiere Laucirica, que también es madre de un joven con discapacidad intelectual.














