La teleasistencia predictiva y proactiva, una realidad accesible y no intrusiva
La teleasistencia es el servicio que más ha evolucionado en los últimos años. Y lo ha hecho de la mano de las tecnologías de monitorización y conectividad permanente, que han permitido dotar a la teleasistencia de un carácter proactivo y predictivo, que permite a este recurso adelantarse a las necesidades de los usuarios y evitar situaciones de riesgo, antes incluso de que aparezcan. Los sensores recogen y envían datos que son procesados e interpretados por profesionales cualificados para dar una respuesta inmediata a necesidades cotidianas o urgentes, en función del perfil de la persona usuaria. Unas tecnologías que, además, deben ser amigables, no intrusivas y respetuosas, tanto que la persona mayor usuaria debe poder conocer, acceder e interactuar con los dispositivos instalados en su vivienda de una manera natural. Una convivencia que le permitirá continuar en su entorno con calidad de vida y en condiciones de seguridad. Una teleasistencia avanzada que responde a las nuevas necesidades de los distintos colectivos de usuarios que, en este reportaje, analizan los principales proveeedores de tecnología y prestadores del servicio de teleasistencia.
El servicio de teleasistencia del futuro parte de la premisa que debe ser proactivo y predictivo. El profesor Titular en la Universidad Politécnica de Madrid, Miguel Ángel Valero, explica ambos términos. Por una parte, la teleasistencia puede considerarse un servicio proactivo cuando se adelanta a posibles situaciones de riesgo o necesidad de atención de la persona mayor usuaria, sin una solicitud expresa. “Esta proactividad puede ser local, lanzando avisos ante posibles circunstancias de alerta que sucedan en el domicilio de la persona, o remota, si el proveedor del servicio inicia una intervención concreta con un fin determinado”, detalla.
Por otra parte, se considera que la teleasistencia es un servicio predictivo cuando procesa sistemáticamente datos de la persona, de la vivienda y de su interacción con el entorno que le llevan a inferir situaciones de alerta o una posible alarma, señales que permiten actuar antes de que suceda un episodio no deseado. De esta manera, explica Valero, un sistema proactivo “puede evitar situaciones de riesgo en la casa, a través del seguimiento de acciones domésticas realizadas o no por la persona atendida”. El sistema proactivo, por tanto, analiza la realización de actividades de la vida diaria para poder sugerir situaciones de fragilidad, cambio en la capacidad funcional de la persona, nuevas demandas o necesidades de apoyo.
La teleasistencia avanzada se sirve de tecnologías de monitorización y conectividad permanente que, tal y como explica el profesor Titular en la Universidad Politécnica, integran sensores ambientales y biométricos cuyos datos pueden ser procesados localmente en la unidad de teleasistencia y también enviados, de forma privada, al operador del servicio para un seguimiento continuado y conocimiento del estado biopsicocial de la persona usuaria, utilizando algoritmos de razonamiento”. Por tanto, la conectividad permanente ofrece la posibilidad de dar respuesta inmediata ante valores anormales o no deseados de los parámetros medidos por dichos sensores, ofreciendo una mayor seguridad y capacidad de monitorización del estado de la persona.
En este proceso, Valero subraya que las tecnologías deben ser amigables “ofreciendo a la población beneficiaria la sensación de apoyo o de cuidado, pero no de control”. Además, en su opinión, la persona debe poder conocer en cualquier momento el estado de los dispositivos instalados en la vivienda y la información que están recogiendo o enviando, siempre de forma autorizada. “Asimismo, es esencial que las soluciones de teleasistencia sean accesibles en todos los aspectos cognitivos, físicos y sensoriales, permitiendo así su uso sencillo, eficiente y satisfactorio para cualquier persona”, afirma este experto. En definitiva, la ubicación de la tecnología en la casa y la interacción de los dispositivos con los usuarios no deben ser intrusivas; sino que, por el contrario, deben ser respetuosas con los deseos de la población y cumplir con la funcionalidad esperada.
El conocimiento de las rutinas y patrones de comportamiento de la persona usuaria ofrecerá información valiosa sobre sus actividades de la vida diaria, facilitando la detección precoz y el establecimiento de las acciones que correspondan ante situaciones de riesgo y fragilidad. El seguimiento de la adherencia a la medicación, el control de errantes, la detección de posibles episodios de desorientación, inactividad, alarma o potencial deterioro son algunos de estos beneficios, siempre que contribuyan a mejorar la calidad de la atención recibida y la autonomía personal. “Será posible actuar antes incluso de que surja la urgencia cuando los mecanismos de detección, comunicación, razonamiento e intervención estén plenamente validados, tengan los tiempos de respuesta necesarios y el proveedor del servicio de teleasistencia cuente con los recursos humanos y materiales necesarios”, destaca Valero.
En este entramado, no podemos olvidar el papel de la telemedicina, que ha ido popularizándose en las últimas décadas y, a día de hoy, es una realidad a pequeña escala en aplicaciones específicas de televisita o teleconsulta y de telemonitorización de variables biomédicas, con buena aceptación por parte de los pacientes y del personal sanitario. Por ello, para este experto “es de esperar que este desarrollo se convierta en una realidad más extendida, puesto que la tecnología está disponible y las entidades sanitarias, públicas y privadas, son conscientes de sus beneficios para la población en situaciones determinadas”. Nos encontramos, por tanto, en un punto favorable para un mayor despliegue de la telemedicina siempre que, apunta Valeo, “dichos servicios se organicen apropiadamente considerando la disponibilidad de los profesionales sanitarios, las necesidades tecnológicas y de formación y su integración con los sistemas de salud”.
Finalmente, con la vista puesta en el futuro, Valero avanza que el siguiente reto tecnológico de la teleasistencia es que esté plenamente centrada en la persona, adaptándose automáticamente a las necesidades específicas y variables de cada usuario, a su capacidad funcional y a la integración eficiente con los dispositivos emergentes, garantizando que los mecanismos de seguridad, razonamiento, conectividad e intervención, mejoren efectivamente la autonomía personal de la población. “Este no es sólo un reto tecnológico, sino también sociosanitario y organizativo, que requerirá redefinir los procedimientos de atención”, concluye.
Empresas prestadores de teleasistencia: Asispa, Clece, Cruz Roja, DomusVi, EULEN Sociosanitarios, ILUNION Sociosanitario y Tunstall explican los avances que están realizando para ofrecer un servicio más predictivo y proactivo.
Y empresas proveedoras de tecnología desvelan los retos tecnológicos del presente y futuro, que permitirán al servicio de teleasistencia ofrecer un servicio personalizado y adaptado a las necesidades cambiantes de las personas mayores usuarias: Essence, Legrand Care y Tunstall.
El factor humano es clave para hacer realidad una atención proactiva
Para Asispa, el servicio de teleasistencia proactivo y predictivo ha de contar con:
Una sistemática de obtención, procesamiento y análisis de la información con un enfoque predictivo.
La capacidad para llevar a cabo aquellas actuaciones que, fruto del análisis de la información, se consideren adecuadas para intervenir en cada caso sobre los factores de riesgo identificados.
“La proactividad implica tener iniciativa y capacidad para anticipar necesidades y/o dificultades futuras”, señala la directora del Área de Teleasistencia de Asispa, Sonia Zapico.
En este proceso, la tecnología es, por tanto, una aliada extraordinaria, “tanto para la obtención automática de información, a través de sensores, como para el tratamiento inteligente de los datos obtenidos, con reportes y algoritmos que faciliten conclusiones”.
Pero, una vez más, los profesionales son fundamentales. “Con la información facilitada por la tecnología, deben ser capaces de valorar circunstancias personales que escapan a los algoritmos y llevar a cabo las actuaciones necesarias derivadas de la situación de riesgo”, señala Zapico. Y añade: “Tiende a identificarse la capacidad predictiva únicamente con la tecnología, pero el factor humano es clave para hacer realidad una atención proactiva”.
Conocer las rutinas y patrones de comportamiento del usuario en tiempo real, da la oportunidad de identificar, de forma precoz, desviaciones en las rutinas que puedan ser indicativas de un riesgo, facilitando con ello una intervención preventiva o temprana. Hace posible también la prestación de servicios cada vez más personalizados, que se adapten de forma dinámica a las necesidades de las personas atendidas.
Actualmente, ya es posible actuar antes de que surja el riesgo. “En el servicio de teleasistencia de nuestra entidad, la telemonitorización de constantes en personas usuarias con enfermedades crónicas nos permite identificar descompensaciones y poder anticipar así la intervención médica. Un gran salto tecnológico que permite mejorar la salud de nuestras ciudades y, por tanto, prevenir, proteger y promover la salud colectiva e individual”, explica Zapico.
Asispa tiene especial cuidado con la información obtenida para abordar las nuevas necesidades de diferentes colectivos. “En contextos de violencia de género, la información facilitada por los sensores se está utilizando para identificar eventuales situaciones de riesgo derivadas, por ejemplo, de la proximidad del agresor”, detalla.
En otras situaciones complejas como la soledad no deseada y la prevención del suicidio, con un componente emocional muy relevante, “estamos comprobando que no resulta tan fácil correlacionar hechos concretos o rutinas con situaciones de riesgo reales. Por ello, donde la inteligencia artificial no llega, contamos con un equipo humano experimentado capaz de establecer y generar vínculos directos con las personas usuarias para detectar, trabajar y minimizar de manera conjunta esas dificultades y escenarios de riesgo”.
Respecto a la telemedicina, la directora del Área de Teleasistencia de Asispa comenta que es una realidad: “Ya está aquí y ha venido para quedarse”. En el sector sanitario (y con especial presencia tras la crisis de la Covid-19) está utilizándose cada vez más y de maneras muy creativas. En cuanto a la telemedicina como parte integrante de la teleasistencia, Zapico asegura que también es una realidad, “aunque minoritaria aún”. Para poder consolidarse y ampliarse, “resulta necesario intensificar la colaboración entre el área de lo social y el área sanitaria”.
La telemedicina es un complemento que ayuda en la relación médico–paciente
La teleasistencia proactiva y predictiva debe basarse, tal y como explica Ángel Mediavilla Heredia, gerente de Servicios Sociales de Clece, en un seguimiento individualizado, que adapte la intensidad de los contactos realizados desde la central, en función de la mayor o menor vulnerabilidad de la persona. “Para ello, ha de haber una comunicación muy fluida entre el operador que contacta con el usuario que recibe el servicio y el personal de coordinación. Cuanto mejor funcione esa comunicación, más acertadas y efectivas serán las medidas que se adopten”, afirma Mediavilla. Clece complementa la detección de situaciones de vulnerabilidad con el uso de dispositivos tecnológicos, que permiten conocer con antelación modificaciones en las rutinas de las personas que puedan estar relacionadas con situaciones que requieran una mayor atención.
Hay determinados registros que pueden alertar de una posible situación de peligro en tiempo real, ya que informa de comportamientos anómalos en la rutina de la persona. Por otro lado, los dispositivos pueden alertar sobre cambios significativos en los patrones de conducta que, por sí solos, no suponen una situación de peligro, pero que pueden alertar de un empeoramiento en su estado general. “El sistema tiene un algoritmo de inteligencia artificial que crea un patrón de rutinas individualizado tras un mes de registro de hábitos de cada usuario, y nos alertará de cuantos cambios encuentre significativos en dicho patrón”, explica Mediavilla.
A través del seguimiento individualizado de los casos monitorizados, el servicio de teleasistencia de Clece puede establecer una relación entre los eventos significativos de la persona usuaria (hospitalización, rotura de cadera, etc.) con cambios relevantes en su patrón de conducta. Esto permite, señala el experto, “estratificar a los usuarios y poder establecer si hay una agrupación de eventos comunes que pueden desencadenar un diagnóstico determinado, o si esa relación se da únicamente en un grupo de riesgo que presenta determinadas características comunes”. De esta manera, cuando detectan en una persona con un perfil determinado unos cambios de rutina que indican un determinado diagnóstico, “podremos implementar medidas de carácter preventivo o intervenir de manera más temprana y minimizar el alcance de futuras afecciones”.
Respecto a la telemedicina, Mediavilla entiende que no debe ser vista como medio que sustituya a la figura del médico, sino un complemento que ayude en la relación médico–paciente. “La posibilidad de que algunos desplazamientos se minimicen y que la atención a los usuarios se realice a través de una videollamada con acceso en tiempo real a los valores aportados por algunos dispositivos de medición (tensiómetro, pulsioxímetro…) de fácil uso por el propio usuario o por familiares o personal del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD), conlleva una menor pérdida de tiempo y de recursos, y favorece un seguimiento más frecuente”, subraya.
En Clece este sistema ya es una realidad, a través de una red permanente con el personal médico de las residencias donde, ante la dificultad de encontrar facultativos en determinadas zonas despobladas, o donde la jornada de estos es menor, “garantizamos una atención telemática por videollamada y acceso a todos los datos médicos desde cualquier otro centro de la red Clece con mayor disponibilidad de personal sanitario”.
La asignatura pendiente sigue siendo la integración sociosanitaria
Para que la teleasistencia pueda considerarse un servicio proactivo y predictivo es necesario invertir en tecnología. No obstante, Carlos Capataz, director de Servicios Tecnológicos Digitales de Cruz Roja, asegura que la tecnología debe cumplir unos requisitos: “Ser la necesaria para cada caso, que se pueda personalizar al contexto y al perfil de las personas, que respete su intimidad y que se base en la analítica de una gran amplitud de datos que se puedan inferir a situaciones similares”.
Conocer las rutinas y patrones de comportamiento permite detectar situaciones de riesgo que puedan producirse en el hogar como falta de movimiento, falta de alimentación, posibles enfermedades y, sobre todo, actuar de la forma más rápida y eficaz posible para salvar la vida de la persona. “Pero ese modelo se queda escaso y podría implementarse si se utilizara inteligencia artificial para predecir situaciones de riesgo o incluso orientar políticas sociales o intervenciones tempranas con determinados perfiles de personas”, reconoce Capataz. Y recuerda, además, que “la asignatura pendiente sigue siendo la integración sociosanitaria”.
Actualmente, si una persona tiene instalado un servicio de monitorización de rutinas y entra en el baño y no sale porque ha sufrido un ictus, pasado un tiempo el sistema avisará de forma proactiva, sin que la persona tenga que pulsar un botón, permitiendo verificar qué ocurre y movilizar los recursos necesarios. Sin embargo, Capataz lamente que, incluso en este supuesto, “seguimos sin aprovechar el potencial que ofrece la aplicación de la IA para evitar o demorar en el tiempo que ese ictus se produzca gracias a identificar de forma muy temprana patrones de riesgo”.
Los sensores están pensados para detectar problemas de salud y situaciones de riesgo en el hogar lo que, unido al seguimiento telefónico periódico, nos permite detectar situaciones de tristeza, ansiedad y depresión que, en muchos casos, van ligados a la soledad no deseada.
Desde 2018, Cruz Roja ofrece el servicio Cuídate+ que facilita el seguimiento de la salud y detecta situaciones de peligro que puedan producirse en el hogar. Adicionalmente, han entrado en un proceso de analítica de datos.
En cuanto al suicido, en el año 2021 los Premios de Tecnología Humanitaria de Cruz Roja reconocieron la solución “Searching Help”, un sistema de escucha conectado a los dispositivos que detecta señales que advierten de la posibilidad de desarrollar una conducta de riesgo suicida.
Por eso, Cruz Roja apuesta por que la oportunidad que ofrecen los Fondos Next no se quede solamente en modernizar el parque de terminales o en el desarrollo de plataformas propias que, por otro lado, “es algo complejo de implementar en tan poco tiempo”.
Finalmente, Capataz refiere que la telemedicina engloba diferentes modalidades que incluyen la teleconsulta, el telediagnóstico, la monitorización a distancia o la telecirugía. “La tecnología pone en contacto a un paciente con su médico, pero no sustituye la interacción presencial”, explica. La teleconsulta es la modalidad más conocida y usada, ya que ofrece numerosas ventajas al evitar desplazamientos, disminuye el riesgo de contagio y los costes del servicio, aunque está limitada a algunas enfermedades y a no todo el mundo le da confianza.
Los resultados de las biomedidas pueden ser consultados por los profesionales de teleasistencia y del centro de salud
El servicio de teleasistencia avanzada es la apuesta de DomusVi para prestar una atención integral, porque facilita la permanencia de las personas en su entorno natural y potencia su autonomía y la de las personas cuidadoras, tanto formales como informales. “En este marco, la monitorización de hábitos es una herramienta preventiva y promotora de hábitos saludables, que es fundamental para cumplir con su capacidad de previsión y, así, ser proactivo de una forma eficaz”, explica Auxiliadora Galán, directora Territorial Teleasistencia en DomusVi.
Muchos son los beneficios que aporta conocer las rutinas y patrones de comportamiento del usuario en tiempo real. “De entrada, ese conocimiento aporta tranquilidad y seguridad, porque nos ayuda a prever situaciones”, indica Galán. Y pone el siguiente ejemplo: “Nos facilita la detección de situaciones de riesgo que permite, a su vez, una rápida intervención por nuestra parte. También nos permite potenciar las habilidades de la persona atendida para brindarle una vida más equilibrada y saludable”.
En este sentido, permite ayudar en la detección temprana de enfermedades y, en el caso de las enfermedades crónicas, tener conocimiento de cómo van a evolucionar, lo que repercute en una mayor y mejor cobertura a la persona atendida, y siempre según sus necesidades. “En última instancia, este conocimiento libera de carga de trabajo tanto a los profesionales como a los familiares y cuidadores de la persona atendida”, apunta.
Galán asegura que, gracias a los sensores que detectan anomalías en los hábitos y rutinas de la persona usuaria, la central de teleasistencia recibe la información inmediatamente, “y podemos actuar antes incluso de que surja la urgencia”.
Servicio que, actualmente DomusVi está llevando a cabo con el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz y la Diputación de Ourense “con notables resultados”.
Aunque la monitorización de hábitos trabaja mediante un algoritmo de aprendizaje, ante cualquier alteración y/o desviación de los hábitos de la persona los sensores lanzan una alerta. “Además, gracias al software de gestión, se lleva a cabo semanalmente un estudio exhaustivo y se elabora un plan de atención individualizado según la situación de la persona usuaria, que incluye llamadas, visitas y la realización de diversos talleres”, explica Galán.
La tecnología da un paso más y la monitorización de la persona usuaria y su entorno permite ofrecer una atención sanitaria. En este sentido, la telemedicina permite el control y seguimiento de las personas usuarias con enfermedades crónicas, mejorando el autoconocimiento de la propia enfermedad por parte de la persona y la reducción de visitas a su centro médico.
“A través de una plataforma, los resultados obtenidos de las biomedidas tomadas pueden ser consultados por los profesionales de teleasistencia y del centro de salud. Además, ante cualquier desviación de los parámetros establecidos a cada persona usuaria, la solución envía una alerta. Eso sí, para que todo esto ocurra, debe haber una buena coordinación sociosanitaria”, concluye la directora Territorial Teleasistencia en DomusVi.
Ya es posible anticiparse a una emergencia sanitaria, predecir un deterioro o situaciones de vulnerabilidad
“La proactividad del servicio es ya una realidad”, asegura Inés Cavero, responsable nacional de Teleasistencia EULEN Sociosanitarios. Tradicionalmente, la teleasistencia se ha considerado un servicio reactivo en el que solo se responde ante llamadas de emergencia. “Esta concepción debe cambiar, ya que desde hace tiempo el servicio en España tiene un carácter mucho más integrador y de acompañamiento continuo”, señala. En este sentido, a nivel humano, para cumplir con la proactividad, continúa Cavero, “los equipos profesionales mantienen el contacto con las personas usuarias de forma periódica, lo que implica hacer seguimiento de su estado”. Por otro lado, a nivel tecnológico, el equipamiento instalado en los domicilios permite que los usuarios reciban alertas en caso de que se produzcan o no ciertos eventos. “De esta forma, en base a las rutinas de la personas, es posible anticiparse a una emergencia sanitaria, predecir un deterioro o situaciones de vulnerabilidad”, apunta.
En este contexto, conocer las rutinas y patrones de comportamiento de la persona usuaria es, en opinión de Cavero, la clave para prestar una atención personalizada y anticipar posibles emergencias. Y expone el siguiente ejemplo: “Si sabemos que alguien siempre abre la puerta de la nevera a ciertas horas y de repente lo hace menos, o deja de hacerlo por unos días, podemos inferir que ha perdido el apetito o tiene algún problema físico. En tal caso, en primer término, es posible actuar haciendo una llamada de comprobación”.
Respecto al manejo de la información facilitada por los sensores y demás dispositivos para responder a las nuevas necesidades de las personas mayores, Cavero índice, de nuevo, en que el servicio de teleasistencia combina el factor humano y el tecnológico. La soledad no deseada, el maltrato, la ideación suicida, etc. “son realidades muy frecuentes en la actualidad y que deben abordarse desde una perspectiva interservicios. La información que proporcionan los dispositivos domiciliarios puede revelar cambios en el comportamiento producto de una crisis vital, por ejemplo, si la persona deja de salir de casa. De acuerdo a esto, se articulan protocolos de atención específica y se coordinan actuaciones”.
Por otra parte, responsable nacional de Teleasistencia EULEN Sociosanitarios apunta que, a raíz de la pandemia, la telemedicina se ha extendido y los recursos necesarios para desarrollarla se han implementado con mayor rapidez. A este respecto, añade que, en los casos de personas con enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión, cardiopatías, problemas circulatorios…), la monitorización de ciertos parámetros de salud permite hacer un seguimiento más continuo de su estado, detectar falta de adherencia al tratamiento o reducir consultas hospitalarias. “El reto aquí sigue estando en la coordinación completa con el sistema sanitario”, concluye Cavero.
El verdadero valor diferencial de la teleasistencia reside en la capacidad de prestar servicios proactivos y predictivos
Aunque es innegable el valor que tiene la capacidad de reacción y actuación de la teleasistencia ante las demandadas directas de las personas usuarias, David Villaverde, director de Servicios de Proximidad de ILUNION Sociosanitario, asegura que las Administraciones, los prestadores y resto de agentes, que “nos hemos dado cuenta que el verdadero valor diferencial de la teleasistencia reside en la capacidad de prestar servicios proactivos y predictivos, en los que nos anticipamos a las necesidades de las personas antes de que éstas tengan que demandarlos”.
La personalización de la teleasistencia es prioritario y así lo define el experto: “La capacidad de conocer a cada una de las personas a las que acompañamos en su proyecto de vida y hacerles un seguimiento constante e integral, aprovechando todas las vías y canales posibles e integrando toda la información disponible”.
Pero se puede ir más allá y aprovechando el potencial de las tecnologías como el IoT, el PLN, la IA y el Big Data, combinados con el conocimiento de los profesionales que prestan el servicio, es posible actualizar constantemente las necesidades de manera personalizada y proponer acciones dirigidas a cubrir necesidades o a mitigar riesgos antes de que ocurran.
La sensorización y el IoT combinados con el uso del Big Data y los algoritmos de Inteligencia Artificial, ofrecen múltiple información de las personas usuarias en tiempo real. Aunque esta información puede utilizarse para actuar ante situaciones de urgencia, “seguimos pensando que el verdadero valor se basa en procesar y utilizar la información obtenida como herramienta para el análisis de tendencias y de la evolución de las personas usuarias a lo largo del tiempo, lo que permitirá a nuestros profesionales ir adecuando y adaptando el plan de atención personalizado de manera proactiva y preventiva para mitigar el riesgo de que ocurra la urgencia”.
Dentro de la estrategia de actuación integral de ILUNION Sociosanitario para el acompañamiento de las personas en su proyecto de vida, cada vez cobran más importancia los protocolos de detección e intervención coordinada ante situaciones de soledad no deseada, riesgo autolítico o maltrato, entre otros.
“Estos protocolos contemplan la utilización de toda la información posible a partir de todos los canales de interacción disponibles. El servicio de teleasistencia utiliza tanto la información obtenida a partir de la sensorización de los hogares y/o las personas como el resto de canales de comunicación, como son las llamadas telefónicas”, afirma Villaverde. Toda esta información combinada permite a los profesionales identificar y valorar situaciones a partir de eventos que modifican los niveles de riesgo y, por tanto, la prioridad en el análisis y la búsqueda de actuaciones concretas para resolver de la manera más eficaz la situación.
Dando un paso más, la telemedicina es una realidad innegable. Y como principal reto, aparte del coste de la tecnología y las posibles dificultades de su utilización por las personas usuarias, el director de Servicios de Proximidad de ILUNION Sociosanitario subraya que sería muy importante “avanzar en la integración entre los servicios sociales y el sistema de salud, lo que permitiría avanzar en el verdadero potencial que tiene la telemedicina como elemento preventivo”.
La salud digital alivia la presión que sufre el sistema sanitario, reduce las movilizaciones y los traslados a centros médicos
La teleasistencia es un servicio de base tecnológica que permite a las personas estar en contacto permanente con un equipo de profesionales cualificado y capacitado que atiende sus necesidades. Tiene un carácter proactivo cuando detecta con rapidez necesidades y riesgos, tanto de salud como físicos, emocionales y sociales, y responde con agilidad para reducir y minimizar las consecuencias derivadas de esas situaciones. También es predictiva, cuando tiene la capacidad de anticipar la aparición de un riesgo y detectar necesidades futuras.
Mar Entrambasaguas, directora de Desarrollo Estratégico de Teleasistencia de Tunstall, lo resume así: “La teleasistencia proactiva se basa en seguimientos continuos de la persona usuaria a través de llamadas o visitas de profesionales y de dispositivos de detección, fuego, gas, movilidad, caídas, etc. Mientras, la teleasistencia predictiva se basa en el Big Data y la IA para analizar datos masivos sobre las personas y su comportamiento, creando algoritmos capaces de ayudar a prevenir riesgos”.
Los beneficios son evidentes. Conociendo las rutinas y los patrones de comportamiento de las personas usuarias, el servicio de teleasistencia puede anticipar una situación de riesgo y predecir necesidades futuras. Esta información es de gran utilidad para planificar los servicios y los recursos que ayudarán a prevenirlas, reducirlas o tratarlas adecuadamente. Puede también anticipar alteraciones en las rutinas de las personas y actuar antes de que se conviertan en un problema más grave o desemboquen en una situación de riesgo.
Tunstall Televida ha iniciado ya la aplicación de estos sistemas en algunos territorios en los que gestiona el servicio público, como la Diputación de Barcelona y Dipsalut en Girona, con intención de hacerlo extensivo en otros territorios. “Disponemos de un equipo de I+D+i compuesto por ingenieros de telecomunicaciones y analistas de datos, además de un departamento integrado por profesionales expertos en legal, seguridad de la información y protección de datos”, detalla Entrambasaguas.
La tecnología permite avanzar en la prestación del servicio. En este sentido, la directora de Desarrollo Estratégico de Teleasistencia asegura que la telemedicina es una realidad gracias a las distintas soluciones tecnológicas que existen en el mercado que, además, está en plena expansión, y que permiten telemonitorizar las distintas patologías de los pacientes y atenderles de forma remota. “La salud digital contribuye a aliviar la presión que sufre el sistema sanitario, reduce las movilizaciones y los traslados a centros médicos, mejora el bienestar de los pacientes que pueden recuperarse en sus hogares y fomenta su autocuidado”, detalla Entrambasaguas.
La tecnología de Tunstall en salud digital se basa, principalmente, en dos ramas: plataformas software y apps; y tecnología asistencial (dispositivos y sensores). Concretamente, Tunstall cuenta con la plataforma ICP (Integrated Care Platform), una solución que combina distintos elementos de software: ICP Triagemanager®, ICP myMobile® e ICP myKiosk, que permiten a los pacientes y a los profesionales sanitarios controlar sus signos y que sean vistos y analizados de forma remota, además de gestionarlos y llevar a cabo las acciones pertinentes. “Estas plataformas y apps se pueden complementar con tecnología asistencial: dispositivos y sensores que monitorizan los signos y las constantes de las personas en entornos clínicos y no clínicos”, concluye la experta.
Tecnología, la herramienta que permite la evolución
Empresas proveedoras de tecnología desvelan los retos tecnológicos del presente y futuro, que permitirán al servicio de teleasistencia ofrecer un servicio personalizado y adaptado a las necesidades cambiantes de las personas mayores usuarias.
Essence está inmersa en la transición hacia una digitalización, que permita incorporar datos para conformar servicios personalizados
Las tecnologías de monitorización y conectividad permanente permiten el control y el registro de diversos datos, tanto de salud como de hábitos y rutinas, que se analizan y transmiten a los proveedores de atención médica para su evaluación y toma de decisiones clínicas y a familiares para intervenir en caso de necesidad urgente, como en el caso de caídas de las personas mayores.
Se trata de tecnologías que, tal y como explica Jaime Rico, Essence SmartCare Spain Sales Manager, deben ser amigables y no intrusivas: “Los mayores no quieren dispositivos intrusivos en sus vidas. Los rechazan de pleno. La idea es desarrollar tecnologías que acompañen a las personas, que estén siempre alerta y que actúen justo cuando lo necesitan, de una forma imperceptible y nada intrusiva. Su objetivo principal es permitir a las personas que lo deseen permanecer en sus domicilios el mayor tiempo posible, manteniendo una vida digna y lo más autónoma posible”.
Para lograrlo, Rico destaca los sensores inalámbricos que utilizan Inteligencia Artificial para configurar avanzados algoritmos que detectan las caídas sin necesidad de que el residente use o lleve puesto ningún dispositivo de detección y con una precisión nunca vista. Además, hay sensores que estudian los hábitos y rutinas diarias de los mayores, que avisan cuando cambian. Hablamos de sensores en sillas, camas, neveras, de humo, de agua… Son muchas las posibilidades de monitorización en el domicilio y fuera de él que se están instalando en la actualidad”.
Teniendo en cuenta todos los dispositivos, servicios y prestaciones que intervienen, incluida la telemedicina, Rico imgina una plataforma de teleasistencia evolutiva, abierta y configurable, que permita a los proveedores de servicio adecuar la solución ofrecida de acuerdo con las necesidades específicas de sus usuarios en cada etapa de la vejez, asociando al panel de control diferentes dispositivos para configurar entornos adaptados a sus limitaciones. Plataformas digitales que desarrollen soluciones evolutivas adecuadas a cada una de sus condiciones. En definitiva, adaptar la tecnología a las necesidades de los usuarios.
Y pensando en el futuro, el responsable de Essence desvela que la compañía se encuentra “inmersa en esa transición hacia una digitalización imprescindible, que nos permita incorporar nuevos y valiosos datos para conformar servicios muy personalizados a cada usuario. Se trabaja en busca de la conectividad de los terminales 4G con dispositivos emparejados mediante BLE con el objetivo de poder fusionar también los servicios de telemedicina”.
Una plataforma de teleasistencia debe facilitar la interoperabilidad y permitir el análisis masivo de datos
“Se puede monitorizar sin conectividad permanente y se puede tener conectividad permanente y no monitorizar. Monitorizar pretende hacer un seguimiento del usuario, de sus hábitos de salud o sociales, de sus bio-medidas básicas y de alguna de sus necesidades en definitiva. Todo ello, dentro de un ámbito sociosanitario”, afirma José Manuel Carballo, desarrollador de Negocio de Legrand Care del Mercado del sur de Europa.
Desde su experta opinión, la conectividad permanente está íntimamente relacionada con el concepto de digitalización, que propone una continuidad de los servicios tradicionales, pero mediante dispositivos permanentemente conectados. Una conexión de estas características permite realizar una monitorización moderna, que si bien no es continua sí debe ser muy frecuente, algo que sin digitalización, sin conectividad permanente, quedó arrinconada durante años como una simple buena idea, pero de muy difícil puesta en escena por la falta de conectividad adecuada. Ahondando en ambos términos, Carballo añade que una conectividad permanente habilita una monitorización moderna, pero también la gestión remota de los dispositivos que la incorporan. “Por tanto, la tecnología con conectividad permanente permite la monitorización de hábitos de los usuarios y permite la gestión de los recursos instalados, con la consecuente optimización de costes”, detalla.
Todas ellas son tecnologías amigables que, tal y como explica Carballo, ayudan a conocer mejor al usuario y su situación (monitorización) y que permiten hacerlo con una frecuencia adecuada (conectividad permanente). Todo ello, con mínima intervención del usuario o ninguna, aunque hay que ser conscientes de que una monitorización de parámetros de salud requiere de la intervención del usuario o de sus familiares, empleando equipos de medida muy habituales (báscula, termómetro, pulsioxímetro, etc.).
“El concepto intrusivas es un término muy subjetivo, incluso cultural. En los países nórdicos, la instalación de una cámara para observar/cuidar al usuario no se considera intrusivo. Sin embargo, en los países latinos es impensable poner una cámara, al menos, de manera habitual. Por tanto, dependerá de quién y de qué, aunque a priori son soluciones que están muy lejos de ser intrusivas, porque su objetivo es ayudar y no invadir la intimidad”, subraya Carballo.
Los detectores para monitorizar la actividad diaria en el domicilio que se están instalando con cierta frecuencia son los de humo y de gas, también los de inundación (en menor medida). “También es habitual encontrarse con detectores de presencia y de apertura de puertas y ventanas. Al margen de todos ellos, el indiscutible “rey” es el detector de caídas”, detalla. Por otra parte, asegura que en los centros de mayores cada día es más habitual encontrar sensores para la prevención de las caídas.
Respecto a las plataformas de teleasistencia del futuro, Carballo asegura que “cada fabricante tendrá su estrategia y su visión. Cuando un fabricante facilita un servicio, hasta el momento impensable, el resto lo haremos de inmediato. Así se enriquece la oferta”. Y se atreve a avanzar que la funcionalidad común de las plataformas de teleasistencia “es que deben facilitar la interoperabilidad con otras plataformas y soluciones superiores, y permitir el análisis masivo de datos, la extracción de evidencias y el análisis predictivo. Luego, cada fabricante hará su aportación y elemento diferencial”.
“Es imprescindible contar con una tecnología innovadora, digital, amigable, sostenible, accesible y no intrusiva”
Para Ricardo Sotomayor, director de Desarrollo Estratégico de Tecnología y Salud Digital de Tunstall, las tecnologías de monitorización y conectividad permanente están basadas en la inteligencia artificial y el uso de dispositivos sensóricos, que monitorizan conductas y rutinas de las personas usuarias y envían dichos datos a los profesionales del servicio a través de un dispositivo central. También existen los dispositivos de seguridad y funcionales, que lanzan una alerta ante la presencia de elementos que pueden producir una situación de riesgo, como pueden ser el humo, el fuego, el gas, una inundación, caídas, enuresis y convulsiones.
Todas ellas son tecnologías amigables, “ya que no requiere ningún tipo de esfuerzo para las personas usuarias ni tampoco tiene un coste adicional en lo que se refiere al consumo energético”. Tampoco es intrusiva, “al no contar con cámaras ni micrófonos incorporados en sus sensores. Además, dichos dispositivos solo recogen información indispensable para detectar posibles anomalías como la presencia de personas o sustancias peligrosas en el hogar, sin dar ningún tipo de dato que comprometa la intimidad de las personas usuarias”.
El modelo de servicio de teleasistencia predictiva de atención personalizada de Tunstall Televida se apoya en el uso de distintos tipos de tecnología para cubrir las diferentes necesidades de la persona usuaria:
Dispositivos de seguridad que detectan automáticamente fuentes de riesgo para las personas: fuego, escapes de gas o de CO, inundación, alteraciones bruscas de temperatura, presencia o inactividad.
Dispositivos funcionales que, con una programación también personalizada, pueden detectar una caída de sillón o cama, enuresis o convulsiones.
Dispositivos adaptados para facilitar la accesibilidad a personas con dificultades o necesidades especiales.
Sistemas basados en inteligencia artificial y análisis de datos, que permiten la predicción de eventos asociados a riesgos en las personas.
Sistemas de comunicación especial para personas con dificultades en la comunicación oral.
Para Sotomayor, la plataforma desde la que se gestiona el servicio de teleasistencia debería estar integrada en un entorno digital más amplio, “que fuera también compatible para todos los dispositivos que operan en un domicilio y en el que se puedan integrar también otros servicios como el SAD o el sistema sanitario de cada región o autonomía”.
“En plena digitalización de la sociedad, el principal reto actual y futuro de la teleasistencia es seguir mejorando e incrementando su modelo predictivo, proactivo y personalizado”, subraya el director de Desarrollo Estratégico de Tecnología y Salud Digital de Tunstall. Para ello, apunta, es imprescindible contar con una tecnología innovadora, digital, amigable, sostenible, accesible y no intrusiva, “con un equipo de profesionales cualificado que analice e interprete los datos y actúe a través de programas y protocolos diseñados para cada tipo de situación”.
En este contexto, Sotomayor afirma que la innovación en el desarrollo de la teleasistencia busca siempre cubrir las necesidades de las personas usuarias: El éxito de sus productos irá ligado a que faciliten la prestación de un servicio demandado y lo hagan escalable y eficiente, respondiendo siempre a unos factores higiénicos, como son la fiabilidad en el funcionamiento y la seguridad en los datos. Cualquier producto, por muy atractivo que sea, sin un buen modelo de servicio estará abocado al fracaso o se quedará en un piloto”.
Los resultados de las biomedidas pueden ser consultados por los profesionales de teleasistencia y del centro de salud
El servicio de teleasistencia avanzada es la apuesta de DomusVi para prestar una atención integral, porque facilita la permanencia de las personas en su entorno natural y potencia su autonomía y la de las personas cuidadoras, tanto formales como informales. “En este marco, la monitorización de hábitos es una herramienta preventiva y promotora de hábitos saludables, que es fundamental para cumplir con su capacidad de previsión y, así, ser proactivo de una forma eficaz”, explica Auxiliadora Galán, directora Territorial Teleasistencia en DomusVi.
Muchos son los beneficios que aporta conocer las rutinas y patrones de comportamiento del usuario en tiempo real. “De entrada, ese conocimiento aporta tranquilidad y seguridad, porque nos ayuda a prever situaciones”, indica Galán. Y pone el siguiente ejemplo: “Nos facilita la detección de situaciones de riesgo que permite, a su vez, una rápida intervención por nuestra parte. También nos permite potenciar las habilidades de la persona atendida para brindarle una vida más equilibrada y saludable”.
En este sentido, permite ayudar en la detección temprana de enfermedades y, en el caso de las enfermedades crónicas, tener conocimiento de cómo van a evolucionar, lo que repercute en una mayor y mejor cobertura a la persona atendida, y siempre según sus necesidades. “En última instancia, este conocimiento libera de carga de trabajo tanto a los profesionales como a los familiares y cuidadores de la persona atendida”, apunta.
Galán asegura que, gracias a los sensores que detectan anomalías en los hábitos y rutinas de la persona usuaria, la central de teleasistencia recibe la información inmediatamente, “y podemos actuar antes incluso de que surja la urgencia”.
Servicio que, actualmente DomusVi está llevando a cabo con el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz y la Diputación de Ourense “con notables resultados”.
Aunque la monitorización de hábitos trabaja mediante un algoritmo de aprendizaje, ante cualquier alteración y/o desviación de los hábitos de la persona los sensores lanzan una alerta. “Además, gracias al software de gestión, se lleva a cabo semanalmente un estudio exhaustivo y se elabora un plan de atención individualizado según la situación de la persona usuaria, que incluye llamadas, visitas y la realización de diversos talleres”, explica Galán.
La tecnología da un paso más y la monitorización de la persona usuaria y su entorno permite ofrecer una atención sanitaria. En este sentido, la telemedicina permite el control y seguimiento de las personas usuarias con enfermedades crónicas, mejorando el autoconocimiento de la propia enfermedad por parte de la persona y la reducción de visitas a su centro médico.
“A través de una plataforma, los resultados obtenidos de las biomedidas tomadas pueden ser consultados por los profesionales de teleasistencia y del centro de salud. Además, ante cualquier desviación de los parámetros establecidos a cada persona usuaria, la solución envía una alerta. Eso sí, para que todo esto ocurra, debe haber una buena coordinación sociosanitaria”, concluye la directora Territorial Teleasistencia en DomusVi.