La desorientación y la posibilidad de perderse pueden ser un problema para el cuidador y para la persona con Alzheimer ya que a medida que la enfermedad avanza, la desorientación temporal y espacial se agrava mucho más y la persona se puede perder en entornos más cercanos y conocidos, como su propio barrio. En la fase más grave de la enfermedad la desorientación espacial y temporal es total necesitando apoyo constante de otras personas.
En estos casos desde la Confederación dan algunos consejos para evitar, en la medida de lo posible, que esto ocurra:
En el caso de que la persona tenga un diagnóstico de demencia y salga de su residencia habitual y pensemos que puede desorientarse, “se recomienda a las familias o personas cuidadoras que tengan la precaución de anotar los datos personales de la persona en un colgante, pulsera identificativa o utilicen un dispositivo GPS que permite saber en todo momento dónde están los pacientes con demencia o alzhéimer si se pierden o desubican. Además, no hay que esperar 24 horas para realizar la denuncia. Se puede ir a la autoridad competente más cercana a su residencia. En caso de duda, contacta con el 112 y ellos te redirigirán a la policía correspondiente”, comentan desde CEAFA.
Es conveniente facilitar una fotografía reciente, descripción detallada y todas las características físicas que le caractericen, la ropa con la que estaba vestido en el momento de la desaparición, el lugar y la hora en la que se produjo la misma, los lugares habituales por los que acostumbra a andar, información relevante sobre la persona en cuanto al diagnóstico, grado de autonomía, medicación que esté tomando y si llevaba tarjetas o móvil.
Por otro lado, la Confederación también da información sobre cómo actuar ante una persona desorientada con demencia: “acércate a la persona que se muestra desorientada de manera tranquila y relajada; preséntate de forma educada y pregúntale si le puedes ayudar. Es posible que no recuerde dónde vive ni sepa contactar con su familia. Muéstrale tu apoyo y revisa si lleva algún identificador o móvil de contacto”.
En algunas ocasiones, la propia desorientación y nerviosismo puede producir cierta agresividad por ello, “intenta mantener la calma, háblale de forma suave y tranquilizadora y déjale espacio para desahogarse. Si ves que no te comprende o que está nervioso, es mejor llamar a la policía o al 112 para que le ayude ya a que es posible que la familia ya haya interpuesto una denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”, apuntan desde la entidad.
Los problemas de comunicación en las personas con Alzheimer también comienzan en las primeras fases de la enfermedad experimentando cambios en su forma de expresarse y en la forma en la que entienden a los demás, lo que dificulta el proceso normal de la comunicación.
En fases iniciales pueden aparecer problemas para encontrar palabras, pero conforme progresa la enfermedad, será más frecuente y para compensarlo, utilizarán rodeos para indicar una palabra, parafasias, incluso palabras no existentes. En la fase más avanzada el lenguaje se verá limitado a un número reducido de palabras llegando a ser nulo. Esta progresiva incapacidad coloca a las personas de su entorno en la necesidad de aprender nuevas formas, más apropiadas, de comunicarse con la persona.
Algunas recomendaciones para para afrontar la comunicación son: evitar los ruidos y distracciones; mantener la calma y la paciencia dejando tiempo para pensar y expresarse; situarse delante de la persona manteniendo el contacto visual; cambiar el tema de conversación cuando las preguntas o las explicaciones no tengan sentido. Además, “demuestra cariño, de esta forma la persona se sentirá segura y cómoda y evita transmitir preocupación, tristeza, enfado o inseguridad”, señala CEAFA.
Por último, desde la Confederación Española de Alzheimer hacen una reflexión: “todos tenemos la capacidad de adaptar nuestros estilos comunicativos a nuestros interlocutores, a las circunstancias o a los diferentes medios que utilizamos”.
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