Se trata de ir hacia un sistema que promueva como modelo el mantenimiento de la persona en el entorno familiar o habitual de convivencia, abordando la intervención desde la personalización de los apoyos (AICP).
Este enfoque comporta un cambio de paradigma en el diseño de los servicios, que deben ser más flexibles y adaptarse de manera permanente a las preferencias y voluntad de las personas y a sus circunstancias. Se pasa de un modelo de atención rígido, centrado en los servicios, en su diseño y funcionamiento (al que han de adaptarse las personas) a un enfoque en el que lo central es cada persona, su historia, su estilo y su proyecto de vida.
El cambio del modelo precisa que se amplíe, reconceptualice e invierta en la cartera de servicios de proximidad. Deben ampliarse sus fronteras de definición y prepararse para combinarse entre sí y con otros nuevos servicios que pudieran generarse. Es neceario comprender que la atención en la proximidad es plenamente coherente con la personalización. Incluso la atención en residencias de mayores debe ser considerada también como servicio de proximidad.
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