Menos antibióticos y más prevención frente a las infecciones urinarias en las personas mayores

Menos antibióticos y más prevención frente a las infecciones urinarias en las personas mayores.
Menos antibióticos y más prevención frente a las infecciones urinarias en las personas mayores.

Prevenir y tratar correctamente las infecciones urinarias en personas mayores es fundamental para mantener su salud y bienestar. En las residencias de mayores europeas se registran más de dos millones de infecciones urinarias cada año. España es uno de los países del entorno con mayor incidencia de sospecha de infecciones urinarias en personas institucionalizadas. Integrar programas de prevención y control de infecciones en los centros, realizar valoraciones integrales y reducir el uso innecesario de antibióticos revierte el riesgo de este tipo de infecciones y sus complicaciones derivadas. Estudios recientes aseguran que las intervenciones preventivas bien diseñadas son rentables desde el punto de vista sanitario y económico.

Las infecciones del tracto urinario (ITU) son de las infecciones más frecuentes en personas mayores. A pesar de su prevalencia, no se consideran un síndrome geriátrico, “pero se comportan como tal en la práctica clínica por esa alta prevalencia y también por su presentación atípica y su fuerte impacto funcional”, considera Rubén Lovatti, geriatra y microbiólogo, miembro de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología (SMGG).

Además, según este experto, en geriatría se habla de síndrome geriátrico cuando un problema clínico surge por la interacción entre múltiples factores propios del envejecimiento (fragilidad, comorbilidad, deterioro funcional o cognitivo, institucionalización, etc.), y la infección urinaria tiene exactamente este patrón.

El microbiólogo explica que las infecciones urinarias en las personas mayores se deben a una combinación de varios factores, como cambios fisiológicos del envejecimiento (disminución del vaciado vesical, prolapsos, hiperplasia prostática, cambios en las propiedades de la orina, cambios en la microbiota, inmunosenescencia, estado inflamatorio crónico y mayor colonización por bacterias multirresistentes); comorbilidades, como la diabetes, nefropatía, inmovilidad, deterioro cognitivo; factores funcionales, entre los que se encuentran la incontinencia urinaria, dificultad para la higiene o uso de absorbentes (pañales); el uso de sondas urinarias o catéteres, que es uno de los principales factores de riesgo, y el ingreso en residencias y hospitales, donde existe mayor prevalencia de microorganismos resistentes. “Estos factores favorecen la colonización y, en determinados casos, la infección, aunque es fundamental diferenciar ambas para evitar tratamientos innecesarios”, advierte el doctor Lovatti.

Precisamente, diferenciar la colonización de una infección real es el primer paso para tratar correctamente a los pacientes.

En este sentido, se debe tener en cuenta que en los pacientes geriátricos, la infección urinaria rara vez cursa con los síntomas clásicos: escozor y aumento de la frecuencia urinaria, y esto complica su diagnóstico precoz y conduce a sospechas erróneas.

El geriatra indica que, en la persona mayor frágil, “una infección urinaria puede desencadenar delirium, caídas, descompensación funcional, inmovilidad o desnutrición, efectos que van más allá del aparato urinario”.

Las consecuencias principales de las infecciones de orina en las personas mayores son el delirium o confusión aguda (motivo frecuente de consulta), las caídas y alteraciones de la marcha, el deterioro funcional, la pérdida de autonomía, la aparición de dependencia, y la deshidratación y desnutrición por disminución de la ingesta, entre otras. Asimismo, en casos graves, pueden producir sepsis, shock séptico y aumento de la mortalidad, especialmente en personas frágiles o institucionalizadas. “Estas complicaciones explican por qué tiene un impacto tan relevante en la salud global de las personas mayores”, apunta el doctor Lovitti.

Abordaje de las infecciones urinarias en las personas mayores

Prevenir las infecciones de orina en las personas mayores es fundamental para reducir complicaciones y el uso inapropiado de antibióticos. Las medidas que han demostrado una mayor evidencia, según el geriatra miembro de la SMGG, son las siguientes:

  • Correcta hidratación y movilidad para mejorar el vaciado vesical.
  • Higiene genital adecuada y manejo correcto de absorbentes.
  • Evitar sondajes urinarios innecesarios y retirarlos lo antes posible.
  • Revisión del tratamiento farmacológico, especialmente fármacos que favorecen la retención urinaria.
  • Control de la glucemia en personas con diabetes.
  • Programas de prevención de infecciones y de optimización de uso de los antimicrobianos (PROA) en residencias para reducir resistencias.

En cuanto al tratamiento de esta afección, el doctor Lovitti considera que es precisa una revisión del abordaje. Actualmente, con frecuencia, se pone tratamiento antibiótico empírico inmediato, incluso sin síntomas claros. También advierte de que se tratan colonizaciones como si fueran infecciones, haciendo un uso excesivo de antibióticos de amplio espectro, lo que incrementa resistencias. En su opinión, hay falta de valoración geriátrica integral, centrándose solo en el aparato urinario, y “este enfoque conduce al sobretratamiento, efectos adversos, interacciones farmacológicas y mayor riesgo de infecciones multirresistentes”.

Hidratación, movilidad, higiene y un manejo correcto de sondas y absorbentes son medidas preventivas con impacto directo en complicaciones y hospitalizaciones

Este geriatra y microbiólogo sostiene que el manejo óptimo de las personas mayores con infección de orina pasa por:

  • Diferenciar colonización de una infección real.
  • No tratar la bacteriuria asintomática, excepto en situaciones muy concretas.
  • Tratar solo cuando hay síntomas clínicos claros o signos sistémicos atribuibles.
  • Valorar siempre al paciente mayor de manera integral.
  • Buscar focos alternativos de delirium o deterioro funcional.
  • Evaluar estado de hidratación, fármacos, inmovilidad, estreñimiento, dolor o infecciones no urinarias.
  • Obtener urocultivo antes de iniciar antibiótico, siempre que sea posible.
  • Seleccionar antibióticos dirigidos, preferiblemente orales y de menor espectro posible, ajustados a resistencias locales y a la función renal.
  • Desescalar y acortar la duración del tratamiento, teniendo en cuenta los protocolos actuales.
  • Integrar medidas preventivas, especialmente en residencias: protocolos de sondaje, formación al personal, hidratación y programas PROA.

Este enfoque reduce complicaciones, resistencias y hospitalizaciones, mejorando la calidad de vida del paciente mayor.

Proyecto IMAGINE contra las infecciones del tracto urinario

Presentación del proyecto IMAGINE. Carl Llor, responsable científico del proyecto
y Laura Vallejo, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Presentación del proyecto IMAGINE. Carl Llor, responsable científico del proyecto y Laura Vallejo, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

En las residencias de mayores europeas se registran más de dos millones de infecciones urinarias cada año, y entre el 30 % y el 80 % de los tratamientos antibióticos son innecesarios o inapropiados. Por tanto, abordar el problema de la prescripción adecuada de antimicrobianos en residencias de mayores es crucial.

Con el objetivo de fortalecer la prevención y el control de las infecciones y promover el uso racional de los antibióticos en las residencias de mayores, surge IMAGINE, una iniciativa europea puesta en marcha en más de 100 residencias de ocho países europeos (Dinamarca, España, Grecia, Hungría, Lituania, Polonia, Eslovenia y Eslovaquia) y que ha involucrado a más de 400 profesionales de enfermería, medicina y cuidados a los que se ha formado y asesorado en las medidas de prevención de las infecciones urinarias y que ha fomentado una cultura de prescripción responsable de los antibióticos. IMAGINE ha combinado auditorías clínicas pre y post intervención, sesiones de formación presenciales y online, análisis comparativos de datos y reuniones grupales de retroalimentación.

El doctor Carl Llor, médico de familia e investigador del Instituto Catalán de Salud (ICS) y coordinador del proyecto IMAGINE, sostiene que su enfoque es innovador porque “no impone protocolos externos, sino que promueve el cambio desde dentro de los propios equipos de atención”.

Tras tres años de investigación, los resultados han aportado evidencias sólidas de que las intervenciones preventivas bien diseñadas y multifacéticas pueden modificar significativamente las prácticas clínicas en residencias de mayores, reduciendo tanto la incidencia de las infecciones urinarias como el uso innecesario de antibióticos en este tipo de infecciones, lo que se traduce en una mejora de la calidad de la atención de las personas mayores, pero también en una optimización del gasto sanitario y de los recursos públicos. Así lo explica el doctor Llor: “Los resultados confirman que combinar auditoría, formación y comunicación mejora la seguridad del paciente y optimiza el uso de antibióticos sin requerir una gran inversión».

Según el informe final, con el modelo IMAGINE, la incidencia de infecciones urinarias tratadas con antibióticos disminuyó significativamente en el conjunto de la muestra (del 12,2 % antes de la intervención al 8,9 % después). Otros hallazgos incluyen una reducción en el uso innecesario de antibióticos para infecciones urinarias en residentes sin sondas urinarias (del 52,9 % al 46,1 %) y una mejor adherencia a las opciones terapéuticas de primera línea de acuerdo con las guías internacionales de práctica clínica (del 23,7 % al 21,6 %).

Por países, las mejoras más consistentes se observaron en Lituania y Eslovaquia, seguidas de Eslovenia, España y Polonia, donde el impacto de la intervención fue especialmente notable.

En España, la proporción de infecciones urinarias tratadas con antibióticos descendió del 26,6 % al 13,3 % (una reducción del 50 %), y el uso inapropiado de antibióticos en ITUs no complicadas pasó del 60,2 % al 46,2 % (una disminución del 23,3 %).

Las auditorías también mostraron mejoras en los indicadores de prevención y control de infecciones, entre ellos el uso adecuado de delantales limpios en cada procedimiento y una mayor adherencia a la higiene de manos con desinfectantes durante la manipulación de sondas urinarias, medidas clave para prevenir infecciones urinarias y lograr resultados significativos.

Paralelamente, la satisfacción profesional y la percepción de la calidad asistencial mejoraron en todos los países participantes, especialmente en Grecia y Dinamarca, donde los equipos valoraron positivamente el enfoque participativo del programa.

“Hemos comprobado que intervenciones simples, bien estructuradas y basadas en la evidencia pueden generar cambios clínicos medibles en un entorno complejo como las residencias de mayores”, explica el médico de familia e investigador del ICS.

Intervenciones basadas en la evidencia

Según el doctor Llor, España es uno de los países con mayor incidencia de sospecha de infecciones urinarias dentro de la eurozona. Aunque las cifras varían entre regiones, “los estudios disponibles indican que la proporción de residentes en centros sociosanitarios que presentan episodios de sospecha de infección urinaria es especialmente elevada en comparación con otros países europeos”, apunta.

El coordinador del proyecto IMAGINE describe dos motivos fundamentales que dificultan el abordaje de las infecciones urinarias en las personas mayores. En primer lugar, señala que esta población presenta con mucha frecuencia bacteriuria asintomática, es decir, la presencia persistente de bacterias en la orina sin que ello cause síntomas. “A diferencia de lo que se pensaba hace unos años, hoy sabemos que estas bacterias no dañinas pueden incluso proteger frente a las bacterias que sí causan enfermedades. Tratar la bacteriuria asintomática no solo aporta beneficios, sino que puede ser perjudicial”, aclara.

Programas como IMAGINE demuestran que la formación, la auditoría y el trabajoen equipo mejoran la prescripción y reducen infecciones tratadas incorrectamente con antibióticos

En segundo lugar, las personas mayores, a menudo, no presentan los síntomas clásicos de las infecciones urinarias, sino síntomas más inespecíficos como confusión, desorientación o cambios del estado general. Esto dificulta el diagnóstico correcto y conduce a sospechas erróneas, lo que deriva en una prescripción inadecuada de antibióticos. Así lo razona el médico de Atención Primaria: “Cuando existe una infección urinaria verdadera, los antibióticos son eficaces: curan la infección y previenen complicaciones, que son más frecuentes en personas de edad avanzada. El problema es que, con demasiada frecuencia, se prescriben antibióticos para sospechas de infección que en realidad no son infecciones”. Y, en ausencia de infección, los antibióticos no aportan ningún beneficio y pueden causar efectos adversos. Además, el uso repetido de antibióticos favorece la aparición de resistencias tanto en la persona como en la comunidad.

En las residencias, que son entornos cerrados, la diseminación de resistencias es especialmente fácil. “En muchos casos, cuando finalmente aparece una infección verdadera, es necesario recurrir a antibióticos por vía parenteral porque los tratamientos orales han perdido eficacia debido al uso excesivo previo”, afirma el doctor Llor.

Para reducir la prevalencia de las infecciones urinarias y el uso de antibióticos, la higiene es fundamental. Se ha demostrado que implementar medidas estrictas de higiene en las residencias reduce la incidencia. “Cumplir las medidas de higiene, como el uso correcto de guantes y equipos de protección, la higiene adecuada durante los cuidados, las precauciones al cambiar sondas urinarias y el lavado de manos apropiado”, concreta este experto. Todas estas intervenciones, además de mejorar el confort de las personas mayores, reducen significativamente la aparición de infecciones.

Como ha puesto de manifiesto el proyecto IMAGINE, también resultan imprescindibles las guías y algoritmos claros que ayuden a identificar cuándo hay motivos reales para sospechar una infección. Asimismo, las herramientas educativas -folletos, pósteres, materiales formativos- son esenciales para corregir conceptos erróneos, tanto entre profesionales sanitarios como entre residentes y sus familias. Y es crucial el empleo de algoritmos clínicos y el uso adecuado de herramientas diagnósticas. Así, como conocer qué antibióticos se administran, en qué cantidad y en qué situaciones.

Las infecciones urinarias siguen siendo una de las causas más frecuentes de deterioro agudo en las personas mayores institucionalizadas. Esto, sumado al uso inapropiado de los antibióticos, pone en jaque su salud y bienestar. Los expertos son conscientes de la problemática y recomiendan tomar medidas para prevenir y mejorar el abordaje. Ahora, iniciativas como IMAGINE muestran que, con formación, auditoría y trabajo en equipo, es posible mejorar la seguridad del paciente y la calidad asistencial sin grandes inversiones, convirtiendo la prevención y la prescripción responsable en herramientas clave para proteger la salud y la autonomía de los mayores.

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