Cuando Lourdes Rivera habla del sector sociosanitario, lo hace con la confianza de quien lo conoce desde dentro. No solo desde los despachos o las cifras, sino desde los centros, en contacto directo con las personas mayores, sus familias y los profesionales que hacen posible cada día el cuidado. Ese conocimiento cercano es una de las claves que explican su trayectoria. Directora general de Amavir y, desde 2025, presidenta de la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), Rivera lleva cerca de tres décadas dedicada a un ámbito que, como ella misma reconoce, “engancha”. Un sector exigente, a veces duro, pero también profundamente humano, en el que se entrelazan vocación, responsabilidad y compromiso social.
Su historia en el sector no empezó con un plan predeterminado. Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, sus primeros pasos profesionales transcurrieron en el ejercicio de la abogacía. Pero el destino, o quizá la intuición, la llevó pronto hacia otro camino.
En el despacho donde trabajaba tenían como cliente a Geroplan S.A., una empresa especializada en el ámbito sociosanitario.
Su fundador, Patrick Arrosteguy, le propuso en 1998 incorporarse al proyecto. Aquella compañía gestionaba entonces una única residencia en España, un centro pionero que representaba uno de los primeros ejemplos de colaboración público-privada en la atención a personas mayores. Rivera aceptó el reto y asumió la dirección de ese centro. Aquel momento marcó el inicio de una trayectoria que, casi treinta años después, la situaría al frente de una de las compañías más relevantes del sector.
“Empecé siendo directora de esa residencia, la única que la sociedad tenía en España”, recuerda. “Siempre digo con orgullo que ese fue mi mejor aprendizaje, porque me permitió conocer este sector desde los propios centros, en contacto directo con usuarios, familiares y trabajadores”. Ese contacto directo con la realidad del cuidado se convertiría en la base de su manera de entender el liderazgo.
Aprender desde los centros
Hay quienes llegan a dirigir grandes organizaciones desde trayectorias puramente corporativas. En el caso de Lourdes Rivera, su formación como directiva se construyó desde la práctica diaria en los centros.
Escuchar a las familias, comprender las necesidades de las personas mayores, coordinar equipos profesionales y gestionar las dificultades del día a día fueron experiencias que moldearon su visión del sector.
Hoy, cuando toma decisiones desde su posición como directora general de Amavir, reconoce que sigue recordando aquellos primeros años. Aquella etapa le permitió entender algo esencial: que el sector sociosanitario no puede gestionarse únicamente desde la lógica empresarial.
“En este sector no hablamos solo de números”, explica. “Tratamos con personas, muchas veces en situación de fragilidad, y con equipos humanos muy amplios. Eso requiere una especial sensibilidad”.
Crecer junto al sector
La evolución de Lourdes Rivera dentro de la empresa ha ido acompañando también el crecimiento del propio sector de atención a la dependencia en España.
Desde aquella primera residencia, el proyecto empresarial fue expandiéndose hasta convertirse en lo que hoy es Amavir, una de las compañías de referencia en el ámbito sociosanitario.
En estas décadas, Rivera ha ido asumiendo distintas responsabilidades dentro de la organización, avanzando paso a paso hasta alcanzar la dirección general.
Hoy la compañía cuenta con cerca de cincuenta centros repartidos por toda España y una plantilla que supera los 5.200 profesionales. “Estoy muy orgullosa de haber ayudado a construir una empresa como Amavir”, señala. “De haber pasado de una residencia con apenas un centenar de trabajadores a una organización presente en todo el país, siempre con el foco puesto en ofrecer la mejor atención posible a nuestros usuarios y sus familias”.
Formación y sensibilidad
A lo largo de estos años, Lourdes Rivera ha complementado su formación jurídica con conocimientos en gestión empresarial, recursos humanos y dirección económico-financiera. Pero para ella, dirigir una empresa del sector sociosanitario exige algo más que competencias técnicas. Requiere empatía, responsabilidad y comprensión del impacto que tiene cada decisión sobre las personas. Si tuviera que resumir lo que significa trabajar en este ámbito, lo haría en tres palabras: “responsabilidad, empatía y sacrificio”.
Un sector que engancha
A lo largo de tres décadas, Lourdes Rivera ha vivido momentos complejos: crisis económicas y sanitarias, dificultades regulatorias, desafíos de financiación y también los enormes retos que ha supuesto la evolución del sistema de cuidados en España. En algún momento pudo plantearse cambiar de sector. Pero la idea nunca fue más allá de un pensamiento pasajero.
“El sector sociosanitario es muy bonito”, explica. “A veces es duro, pero engancha. Cuando ves lo que hemos construido y todo lo que aún queda por hacer, entiendes que merece la pena seguir luchando”.
Para ella, la mayor satisfacción es comprobar el impacto real del trabajo realizado. Ver cómo los servicios ayudan a miles de familias. Y cómo generan oportunidades laborales para miles de profesionales.
Retos pendientes
Sin embargo, su mirada sobre el sector también es realista. Lourdes Rivera conoce bien los problemas que siguen afectando al sistema de atención a la dependencia. Entre ellos menciona la falta de profesionales, la necesidad de mejorar la colaboración público-privada, la coordinación sociosanitaria o la fragmentación del sistema entre comunidades autónomas. También señala un desafío que considera especialmente importante: mejorar el reconocimiento social del sector. “Muchas veces la percepción que existe sobre nuestro trabajo cambia radicalmente cuando las personas conocen de cerca lo que hacemos”, explica.
Representar a todo un sector
En 2025 asumió la presidencia de AESTE, la patronal que agrupa a algunas de las principales empresas del sector. Para Lourdes Rivera, este cargo representa una enorme responsabilidad. Su vinculación con la asociación, sin embargo, viene de lejos. Ha participado activamente en ella desde sus inicios, contribuyendo a impulsar la profesionalización y el desarrollo del sector. “Me siento muy orgullosa del trabajo que hemos hecho durante todos estos años”, afirma. “A pesar de las dificultades, hemos dado pasos muy importantes en la consolidación de nuestra actividad”.
Desde la presidencia de AESTE, su objetivo es seguir fortaleciendo el sector y defender su papel en la construcción de un sistema de cuidados sostenible.
Liderazgo femenino
El sector sociosanitario es, en gran medida, un sector de mujeres. Entre el 80 y el 90 % de los profesionales son mujeres, aunque históricamente los puestos de dirección han estado menos representados por ellas. Lourdes Rivera es consciente de ese contraste. Su propia trayectoria ha sido, en cierta medida, una excepción. Por eso reconoce con orgullo haber alcanzado posiciones de liderazgo en un ámbito donde las mujeres han tenido que abrirse camino con más esfuerzo. “Hace treinta años no teníamos las mismas oportunidades que hoy”, subraya. Aunque reconoce que se han producido avances, todavía queda camino por recorrer para lograr una verdadera igualdad de oportunidades. En su opinión, el liderazgo femenino puede aportar cualidades especialmente valiosas al sector de los cuidados.
Conciliar liderazgo y vida personal
La conciliación ha sido uno de los desafíos más complejos de su carrera.
Rivera reconoce con honestidad que no siempre ha sido fácil compaginar las responsabilidades profesionales con la vida personal. Pero también destaca el apoyo que ha recibido tanto en su entorno familiar como en el profesional.
Ese acompañamiento ha sido clave para poder desarrollar una carrera de alta responsabilidad sin renunciar a los valores que siempre ha considerado esenciales.
Valores que aprendió en su infancia, en el seno de una familia numerosa donde el esfuerzo, el trabajo bien hecho y la honestidad formaban parte de la vida cotidiana.
Cuando piensa en el futuro, Lourdes Rivera prefiere no hacer planes demasiado rígidos.
Su filosofía es sencilla: vivir cada etapa con intensidad y seguir aportando valor a las personas que la rodean. Profesionalmente, su objetivo es contribuir a que el sector de los cuidados sea cada vez más fuerte, más reconocido y mejor preparado para afrontar el desafío demográfico que ya está transformando nuestras sociedades. En lo personal, aspira a seguir creciendo como persona sin perder nunca la coherencia con los valores que han guiado su vida.
A menudo le preguntan si se imagina viviendo algún día en una residencia.
Su respuesta es clara. Si lo necesita, por supuesto que sí. Eso sí, en una residencia donde se respete su autonomía y su forma de vivir. Exactamente el tipo de atención que, desde hace casi treinta años, ella misma trabaja cada día por construir.
En clave femenina
Mujer a la que admira: a las miles de mujeres que trabajan cada día en nuestros centros, muchas veces de un modo casi invisible, sosteniendo con profesionalidad y humanidad un servicio esencial para la sociedad que es además el que permite a muchas otras mujeres poder desarrollarse profesionalmente sabiendo que sus familiares están cuidados y en buenas manos.
Afición: viajar, no importa el destino, cambiar de aires, conocer sitios, gentes y culturas.
Lugar: Madrid, es mi hogar y el lugar donde están mi familia y amigos.
Reto: seguir creciendo como persona y como líder, manteniendo el equilibrio entre la responsabilidad profesional y mi vida personal, sin perder nunca la coherencia con mis valores.
Propósito: aportar valor a las personas que me rodean, tanto en el ámbito profesional como en el personal, y dejar un sector más fuerte, más reconocido y mejor preparado para afrontar los desafíos demográficos que ya están aquí. Dejar una huella (aunque sea pequeña).














