En el sector sociosanitario, miles de profesionales, en su mayoría mujeres, sostienen la atención a personas mayores y en situación de dependencia. Entre las protagonistas que han contribuido a transformar este ámbito se encuentra Lourdes Bermejo, doctora en Ciencias de la Educación, diplomada en Gerontología Social y experta en intervención social integral. Con más de tres décadas de trayectoria, ha combinado investigación, gestión, docencia y consultoría en organizaciones dedicadas a este ámbito, con una misma vocación y objetivo, como ella asegura: “contribuir a que las personas mayores vivan con dignidad, derechos y calidad de vida, independientemente de sus circunstancias o de si necesitan apoyos o cuidados”.
Su recorrido profesional, explica, no ha estado dividido en etapas estancas, sino que ha integrado distintos ámbitos de trabajo, combinando intervención socioeducativa, gestión, investigación, docencia, creación de materiales pedagógicos y consultoría.
El rol profesional ante el proyecto de vida
El estudio y la reflexión teórica forman parte esencial de su desarrollo profesional. Según señala, la evolución en este ámbito requiere las aportaciones de la ética del cuidado y del contexto. Entre ellos menciona el modelo de calidad de vida, el enfoque de la ACP o la validación de las personas con demencia.
Para Bermejo, estas perspectivas han configurado una mirada muy concreta sobre cómo entender el trabajo con las personas mayores: “esa vida buena que buscamos ofrecer gira en torno a la experiencia de cada persona y a cómo vive este momento de su vida”. Desde esta visión, considera esencial revisar la práctica y el rol profesional, el liderazgo y la gestión organizativa.
Su experiencia en la dirección de recursos asistenciales también marcó su comprensión del funcionamiento y complejidad real de las organizaciones de cuidados. En ese contexto, asegura haber aprendido que los procesos de cambio requieren paciencia y compromiso con la mejora constante: “cada vez soy más consciente de que las transformaciones son complejas, pues afectan a nuestro modo de ser profesional y a aspectos relacionales y organizativos”. Liderar organizaciones implica, en su opinión, no solo saber técnico, sino sobre todo “una predisposición que combina humildad con un liderazgo ejemplar”.
Investigación, docencia y consultoría
La investigación es otro pilar fundamental en su trayectoria. A través de ella, explica, aprendió a “formular preguntas antes que a ofrecer respuestas rápidas”. Comprender el envejecimiento individual y social, afirma, requiere perspectiva científica (tanto desde las ciencias biomédicas como desde las sociales), pero también integrar la singularidad y las experiencias subjetivas de las personas. La docencia es un espacio privilegiado de “aprendizaje bidireccional”.
Formar a profesionales implica revisar constantemente los planteamientos y las metodologías empleadas, el qué y el cómo. En ese proceso, el reto consiste en traducir conceptos complejos en orientaciones prácticas.
“El aula obliga a traducir valores, ideas y modelos complejos en orientaciones aplicables a la vida y a la práctica profesional cotidiana”, detalla. En algunas ocasiones, explica, ese trabajo ha derivado en la creación de “materiales didácticos para poder desarrollar el modelo pedagógico óptimo”, con un resultado satisfactorio.
La consultoría, por su parte, le ha enseñado otra dimensión del trabajo con organizaciones: la prudencia y la escucha.
Acompañar procesos de cambio implica comprender la realidad interna de cada institución. “Asesorar es sumergirme en la intimidad de las organizaciones y realizar un diagnóstico participativo con sus protagonistas, con el equipo y las personas que lo utilizan”.
Solo así, explica, es posible identificar dinámicas organizativas, relaciones internas y elementos culturales que influyen en la calidad de la atención. “Cada organización, equipo humano y personas que usan el recurso tienen sus peculiaridades y expectativas, y una historia organizacional con fortalezas y dificultades”. De ahí que, en su opinión, “nunca existen soluciones universales, sino procesos artesanales en cada contexto concreto”. Esa convicción ha marcado su forma de intervenir: “menos recetas y más construcción compartida.
Solo tiene sentido la consultoría cuando los procesos formativos están orientados a generar y sostener cambios coherentes que se mantengan en el tiempo.
Retos estructurales
A lo largo de casi cuatro décadas, Bermejo también ha sido testigo directo de la evolución y los cambios significativos del sector sociosanitario en España, según señala, recordando el desarrollo de recursos, normativas y procesos de profesionalización. También destaca el aumento de la sensibilidad sobre los resultados de los cuidados, valorando tanto la calidad de vida percibida por las personas usuarias como el respeto a su dignidad en la vida cotidiana.
Sin embargo, considera que aún quedan asignaturas pendientes. Entre ellas menciona la necesidad de incorporar realmente los modelos de Atención Integral Centrada en la Persona, sobre todo, en las personas con más discapacidad o deterioro cognitivo. “Tenemos mucho en lo que avanzar para conseguir esa personalización e integralidad, dignificar el trato y mejorar la calidad de las relaciones en el día a día”, manifiesta.
También señala otros desafíos estructurales que afectan al sistema de cuidados. “El escaso valor que se le da socialmente al cuidado y a las personas mayores, la escasa coordinación sociosanitaria, las desigualdades territoriales, la tensión entre sostenibilidad económica y calidad asistencial, y la escasez de profesionales en el sector”, analiza. A ello se suman transformaciones demográficas profundas, como “el aumento de la longevidad y el incremento de situaciones de multimorbilidad, que conllevan una complejidad creciente en la atención”.
Transformación del modelo residencial
En este contexto, uno de los cambios más relevantes que se identifica es la transformación cultural de los modelos residenciales. Aunque el discurso está ampliamente extendido, advierte que “su aplicación real aún es limitada”. “Se requieren cambios profundos: reducción del tamaño de las unidades convivenciales, mayor dotación y estabilidad en el personal de atención directa, potenciar la autonomía de los equipos y la participación efectiva de las personas usuarias, de sus familiares y de la comunidad”. El objetivo y gran reto pendiente, insiste, debe ser siempre el mismo: “el respeto a la identidad, a los valores y al proyecto personal de vida de cada persona, favoreciendo una autonomía decisoria real”.
Avances en liderazgo femenino
En este proceso de transformación del modelo de cuidados, el liderazgo dentro de las organizaciones adquiere también un papel determinante. Aunque el sector está formado mayoritariamente por mujeres, Bermejo recuerda que esta presencia no siempre se ha reflejado en “los niveles de decisión estratégica”. Si bien reconoce avances, considera que los modelos de liderazgo no han cambiado significativamente. Dirigir en este ámbito tan complejo, recuerda, exige un nivel de dedicación extraordinario y que “requiere dimensiones asistenciales con enfoque integral, competencias relacionales y emocionales y capacidad de organización”.
Todo ello supone, a menudo, una exigencia difícil de sostener: “Es un esfuerzo tremendo, a veces sobrehumano, que generalmente no está valorado ni pagado”.
Y añade una reflexión desde la experiencia reciente del sector tras la pandemia: “Muchas mujeres llegan a pensar si realmente merece la pena, más aún después del sobreesfuerzo que supuso la pandemia y la pospandemia, que, aunque muchas personas han olvidado, algunos no hemos podido hacerlo”.
Aprendizaje de otros modelos
Su trabajo también la ha llevado a colaborar con universidades, organismos internacionales y organizaciones en distintos países de América Latina. Esta experiencia le ha permitido “contrastar modelos y formas de actuación muy diversas”: “España cuenta con un marco normativo más consolidado y con un sistema público de apoyos estructurado”.
Sin embargo, explica que en algunos contextos latinoamericanos ha encontrado modelos muy valiosos también. “He encontrado una capacidad notable de innovación comunitaria y de implicación social”. En esos entornos, ante la menor cobertura pública, “el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil han desarrollado experiencias muy interesantes en capacitación de profesionales, participación familiar y comunitaria y desarrollo de oportunidades para que las personas tengan relaciones y vidas significativas”.
Estas experiencias y aprendizajes refuerzan su análisis de que “la calidad no depende exclusivamente del marco normativo, sino también del compromiso ético de los actores implicados”.
Por eso, concluye, compartir conocimientos y sistemas entre países y organizaciones es fundamental: “Considero relevante aprender siempre de las buenas prácticas de otros y generar redes de colaboración que favorezcan la mejora continua”.
En clave femenina
Mujer a la que admiro: por encima de todas, a mi madre, Magdalena.
Afición: una guitarra y un grupo de amigos con quienes cantar y compartir…
Lugar: la alta montaña.
Reto: contribuir a construir una sociedad más justa en la que todas las personas tengan su espacio y sus oportunidades de vida buena.
Propósito: promover modelos de relación y atención que garanticen dignidad, derechos y calidad de vida real de las personas, en cualquier contexto o circunstancia.














