La salud cerebral no puede esperar

La salud cerebral no puede esperar.
La salud cerebral no puede esperar.

España afronta un reto demográfico y sanitario sin precedentes. El progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la prevalencia de enfermedades neurológicas están incrementando la demanda asistencial, lo que hace imprescindible reforzar la capacidad del sistema sanitario para dar respuesta en condiciones de equidad y calidad. Y esto pasa por poner a disposición plantillas dimensionadas y un acceso ágil, medidas que repercuten en beneficio de los pacientes y sus familiares, pero también en la sociedad en general y en la sostenibilidad del sistema sanitario.

Jesús Porta-Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Jesús Porta-Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

No podemos ignorar que las enfermedades neurológicas son, en muchos casos, tiempo-dependientes: cada retraso diagnóstico supone una oportunidad perdida para reducir discapacidad, preservar la autonomía de los pacientes y mejorar su calidad de vida.

Sin embargo, con una espera media de 109 días para acceder a una consulta de Neurología -la segunda mayor demora de nuestro sistema sanitario-, la presión asistencial sobre nuestra especialidad resulta insostenible.

En el marco del Día Mundial del Cerebro, bajo el lema «Salud cerebral: acceso para todos», la Sociedad Española de Neurología (SEN), reclama la salud cerebral como un derecho universal, porque debemos recordar que estas patologías son ya la principal causa de discapacidad y la segunda de mortalidad.

Un acceso temprano a la atención neurológica es esencial

Aunque en España el acceso a la atención neurológica sea significativamente superior al de muchas otras regiones del mundo, esto no implica que no se deba poner esfuerzo en tratar de reforzar la capacidad del sistema sanitario para dar respuesta en condiciones de equidad y calidad. El acceso temprano es determinante para frenar o cambiar el curso de enfermedades como el ictus, el alzhéimer o el párkinson.

Asimismo, la prevención y la coordinación sociosanitaria son palancas clave: hasta el 90% de los ictus y el 40% de las demencias podrían prevenirse o retrasarse actuando sobre factores de riesgo modificables. Mejorar la salud cerebral no depende únicamente de los tratamientos disponibles, sino de la capacidad de los sistemas sanitarios para garantizar equidad en el acceso y asegurar una atención coordinada entre niveles asistenciales. Invertir en prevención, investigación y atención neurológica es la única vía para garantizar la calidad de vida de las personas y la sostenibilidad del sistema.

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