En el sector de los cuidados, el 85 % de los profesionales son mujeres. Pero, ¿cuántas de esas mujeres ocupan puestos directivos? ¿Cuántas son las responsables de tomar las decisiones en sus empresas? ¿Cómo marca el liderazgo de las empresas el matiz femenino? Para responder a estas y otras preguntas, charlamos con ocho mujeres con responsabilidad, ocho líderes femeninas que dirigen el día a día de algunas de las empresas más importantes del sector. Mujeres que coinciden al señalar que el presente de los cuidados, y también su futuro, se escribe en femenino.
Las cifras que valoran el peso del género en el sector de los cuidados son claras: el 85 % de los empleados en el sector son mujeres. Una realidad innegable que “configura la identidad, las fortalezas y los retos que sin duda debemos afrontar de manera urgente”, afirma la directora general de Ucalsa Servicios Sociosanitarios, Beatriz Menéndez. Por lo que puede asegurarse que la estructura emocional y relacional del sistema de cuidados “ha estado sostenida por las mujeres”, añade Menéndez. Una realidad que confirma la directora general de Valdeluz, Conchita García, y que dota al sector sociosanitario no solo de una sensibilidad especial, “también nos obliga a una responsabilidad mayor, a la profesionalización”, argumenta. Porque, como reconoce García, el sector se define hoy por esa dualidad: “la calidez humana femenina combinada con la excelencia sanitaria”.
En esa misma línea se muestra la subdirectora general de Eulen Sociosanitarios, Camino Roldán, afirmando que la mujer que se ha incorporado al sector aporta, además de conocimiento técnico y especialización, “una gran dedicación e involucración”.
Pero reconoce que la incorporación progresiva de los hombres también “aporta un valor muy positivo, enriqueciendo los equipos y reforzando la diversidad”. Para Roldán, talento y compromiso deben ir de la mano, “independientemente del género”, para fortalecer el sector y contribuir a su profesionalización y reconocimiento. Ya que “el cuidado, en esencia, es una responsabilidad colectiva y compartida”, apostilla.
La consejera delegada de Arquisocial, Susana Sebastiá, añade que, en su plantilla, el 90 % son mujeres. Un dato que, como ella misma asegura, “condiciona la forma en la que se prestan los cuidados y define también los principales retos a los que se enfrenta el sector”, que deben interpretarse “en clave femenina”.
Lo que en el origen fue una de las escasas vías de acceso de las mujeres al empleo remunerado, se ha convertido en un ámbito cada vez más profesionalizado, “con trabajadoras cualificadas y una creciente especialización técnica”, como explica la directora de Desarrollo Estratégico de Teleasistencia de Tunstall, Mar Entrambasaguas. Aunque reconoce que, al igual que ocurre en otros sectores altamente feminizados, “persisten brechas salariales, menor prestigio social y dificultades de acceso a puestos de dirección y responsabilidad”. Realidad que hace necesaria la dignificación del trabajo de los cuidados realizado por mujeres. Entrambasaguas apuesta por implementar planes de igualdad, fomentar políticas de conciliación para favorecer la corresponsabilidad, “el acceso garantizado a formación continua y especializada y una retribución acorde al impacto social y económico que genera esta labor”.
“El sector se define hoy por esa dualidad: la calidez humana femenina combinada con la excelencia sanitaria” (Conchita García)
El perfil femenino del cuidado no es cuestión de biología, sino de “cultura, roles y oportunidades”, como apunta la directora general de Macrosad, Alicia Carrillo. Un origen que sigue pesando hoy en cómo se valora el trabajo, en cómo se organiza y cómo se retribuye. Por lo que “reconocerlo es el punto de partida para profesionalizar y dignificar más y avanzar hacia un modelo donde cuidar sea una responsabilidad compartida”, añade. Si el cuidado sostiene no solo la vida, también la cohesión social, “debe sostenerse con reconocimiento, carrera profesional y corresponsabilidad”.
El cuidado está imbuido por valores que se han asociado tradicionalmente a “lo femenino”. Valores como la empatía, la escucha, la atención al detalle y la capacidad de sostener emocionalmente al otro. Pero esta realidad, que lo es, “nos obliga a profesionalizar aún más el cuidado, a dignificarlo, a reconocerlo como un pilar esencial de nuestra sociedad y de nuestra economía”, añade la directora general de Gerosol, Begoña López. Porque, como afirma, el cuidado no es solo vocación: “es también formación, responsabilidad, gestión y visión estratégica”, reconoce.
A la sensibilidad “intrínseca” que se le supone a la mujer en este sector, “hay que añadirle su capacidad de resiliencia”, según la directora General de Asispa, Elena Sampedro. Para ella, hoy el sector es un gran motor de empleo femenino profesionalizado.
“Significa que las mujeres somos las expertas técnicas en la sostenibilidad de los cuidados”, asegura. Aunque el objetivo a conseguir es que esa “esencia femenina” no se confunda con algo vocacional no remunerado, sino que se reconozca como una especialización profesional de primer orden.”
El valor de lo femenino
El modo de actuar, la manera en que se gestiona desde las diferentes responsabilidades de nuestras protagonistas marca y define el sector en nuestro país. Porque, como afirma Sampedro, la mujer aporta el conocimiento del ecosistema del cuidado. Las mujeres que asumen responsabilidades tienen “una comprensión más profunda de la cadena de valor”, señala, añadiendo que la mujer aporta una “visión de liderazgo que prioriza la sostenibilidad del bienestar. Rentabilidad y calidad del servicio son inseparables y las mujeres somos capaces de gestionar organizaciones complejas en las que el activo principal es la interacción humana, logrando que la innovación siempre esté al servicio de un modelo social ético y profesionalizado”, lo que facilita que se creen entornos más personalizados.
“Talento y compromiso deben ir de la mano, independientemente del género, ya que el cuidado, en esencia, es una responsabilidad colectiva y compartida” (Camino Roldán)
López también confirma que las mujeres aportan una forma de liderazgo más “integradora y humanizada”, ya que ponen a las personas en el centro buscando siempre la eficiencia y la sostenibilidad. La clave es gestionar sin deshumanizar, “tomar decisiones difíciles sin perder la empatía y construir organizaciones donde cuidar también signifique cuidar a quienes cuidan”, explica. Para López, esa mirada equilibrada entre lo emocional y lo empresarial “es uno de los grandes valores diferenciales” de la mujer en los puestos de responsabilidad de este sector.
En esa mirada integradora insiste García, quien asegura que las mujeres aportamos “esa mirada donde la gestión no se entiende sin las personas, lo que yo llamo liderazgo humanista”. Al tratarse de un sector que se centra en la fragilidad humana, “esa sensibilidad directiva es un activo estratégico duro”, añade.
A la empatía, la resiliencia y la escucha activa como valores diferenciales, Entrambasaguas añade que la mujer es una auténtica corredora de fondo: “su constancia, visión a largo plazo y capacidad para mantener el esfuerzo”, aportan un valor clave para la estabilidad y sostenibilidad de los equipos. Son, como ella misma reconoce, “cualidades imprescindibles” para conseguir un sector sólido, eficiente y equilibrado en un contexto como el actual marcado por la creciente demanda de servicios sociosanitarios.
Sebastián pone el énfasis en la “gran capacidad de organización y liderazgo de equipos” de la mujer. Cualidad relevante en un sector que tiene plantillas muy amplias y repartidas por diferentes territorios, por lo que “la coordinación y la cohesión son fundamentales para garantizar la calidad del servicio”. Son cualidades cada día más valoradas en general, y de forma muy específica, “especialmente determinantes” en el sector de los cuidados, concluye.
“La mujer es una auténtica corredora de fondo: su constancia, visión a largo plazo y capacidad para mantener el esfuerzo” (Mar Entrambasaguas)
El estilo de liderazgo que marca la mujer es más “relacional”, como explica Carrillo, priorizando la escucha, la coordinación, la construcción de equipo y el cuidado del vínculo que se crea. Y, más allá del propio género, esto sucede porque muchas mujeres han desarrollado su carrera en el mismo sector del cuidado, “aprendiendo a liderar desde la cooperación y la gestión de lo cotidiano”. Una circunstancia muy importante para un sector en el que la persona es el centro. Así, gestionar el talento es una “decisión estratégica”, puesto que cuando el vínculo es firme, asegura Carrillo, se consigue un equipo más consolidado que genera una mayor “calidad del servicio”.
Cada sector requiere unas habilidades directivas diferentes.
En el sector de los cuidados existe una mayor relación “entre el propósito y el resultado”, como argumenta Roldán. Porque es casi imposible “disociar el impacto social de cualquier estrategia o decisión”, lo que hace necesario un liderazgo “especialmente consciente, equilibrado y orientado a las personas”. Roldán asegura que propósito y resultado van de la mano en los cuidados, que están necesariamente unidos, por lo que “esa mirada integral es clave para fortalecer y modernizar el sector”.
Menéndez resume el liderazgo femenino en el sector sociosanitario, recordando que nace de la confluencia de tres elementos esenciales: la naturaleza profundamente humana del sector, la experiencia histórica de las mujeres en los cuidados y un liderazgo que encaja de forma natural con los retos que afronta. Además, añade que se trata de una gestión “más colaborativa, empática y orientada al bienestar”, lo que genera “climas organizativos más saludables, impulsa la cohesión interna y favorece una toma de decisiones más inclusiva y consciente”.
“El cuidado debe sostenerse con reconocimiento, carrera profesional y corresponsabilidad” (Alicia Carrillo)
En definitiva, la mujer aporta “una dirección que inspira, que transforma y que sitúa la dignidad y la autonomía de las personas en el centro de cada decisión”, apostilla.
Un futuro en femenino
Como nos aseguran nuestras protagonistas, el futuro, no solo el presente, se escribe en femenino. Las mujeres han sido imprescindibles en la construcción del sistema de cuidados en nuestro país y son, hoy, su columna vertebral. Aunque el género por sí mismo “no puede ser determinante”, como apunta Entrambasaguas. “Lo verdaderamente decisivo es la formación, la experiencia, las competencias técnicas y, sobre todo, la actitud y el compromiso ético con las personas atendidas”, señala, sin olvidar que el reto pasa por abrir el sector “y hacerlo atractivo” a las nuevas generaciones. Porque “no se trata solo de quién lidera, sino de cómo lo fortalecemos y lo hacemos sostenible”.
“La mujer tiene una comprensión más profunda de la cadena de valor y aporta una visión de liderazgo que prioriza la sostenibilidad del bienestar” (Elena Sampedro)
Porque la visibilidad del sector es un reto imprescindible, según Sebastiá, para situarlo en el lugar que se merece. Por eso hay que hacer llegar a las administraciones públicas “el valor real de nuestro trabajo, el impacto positivo en el sistema sanitario, el beneficio social que generamos y el retorno económico en forma de impuestos y cotizaciones”. El trabajo diario de las mujeres con liderazgo hoy “debe servir de inspiración a las profesionales que están comenzando”, para que sus próximos éxitos sigan “fortaleciendo y consolidando el sector”. Porque, como explica Sebastiá, el futuro “como el presente, se escribe en femenino”.
Menéndez recuerda que, si las mujeres sostienen los modelos de atención y “aportan una visión humanista, técnica y profundamente comprometida con la dignidad de las personas”, el futuro del sector debe construirse, necesariamente, garantizando su presencia, “su liderazgo y su desarrollo profesional”. De ahí que uno de los grandes retos que debe enfrentarse es “transformar su presencia en influencia real”, porque hay que ir eliminando la distancia que existe entre “estar y poder estar en la toma de decisiones”. Aunque reconoce que los retos existen, asegura que hay algo que es “más poderoso: la determinación de miles de mujeres que, cada día, demuestran que el sector evoluciona porque ellas avanzan”.
“La mujer aporta una dirección que inspira, que transforma y que sitúa la dignidad y la autonomía de las personas en el centro de cada decisión” (Beatriz Menéndez)
Carrillo también apunta que el sector en el futuro debe ser más diverso, más corresponsable, y “con el reconocimiento que el cuidado merece como profesión”. Además, el principal reto a afrontar es “convertir el talento en liderazgo de forma sistemática”. Carrillo no olvida que a este reto es necesario añadir “la conciliación y la corresponsabilidad”. Porque “si queremos más mujeres liderando, necesitamos que el talento sea el único límite”, apunta.
Por su parte, García concreta que, aunque el futuro se escribe en femenino, es necesario puntualizar algunos matices. “El futuro se escribe en clave de talento, independientemente del género, pero la demografía y la longevidad tienen nombre de mujer. El reto es que ese futuro femenino sea sinónimo de prestigio, de salarios dignos y de reconocimiento social”, aclara. Además, para encarar con éxito ese futuro son clave “el talento individual, las políticas de igualdad, la flexibilidad laboral, el apoyo interno y la visibilidad de modelos a seguir”.
“La gran capacidad de organización y liderazgo de equipos es una cualidad relevante en un sector con plantillas muy amplias” (Susana Sebastiá)
El talento, el compromiso y la vocación de servicio son determinantes en el futuro, como asegura Roldán. Pero también las mujeres son esenciales. Su presencia en todos los niveles, “desde la atención directa a la gestión y la dirección, aporta sensibilidad, cercanía y capacidad de liderazgo”, capacidades necesarias para que los cuidados sigan evolucionando, profesionalizándose y ofreciendo calidad. Para Roldán, el sector avanza “gracias al compromiso de todas las personas que lo integramos”, aunque las mujeres “por número y experiencia” son una fuerza clave en esa transformación. Porque “cuidar hoy es construir el futuro de nuestra sociedad y contribuir a ello es una gran responsabilidad y una enorme satisfacción”, añade.
López también señala que el futuro de los cuidados se escribe en femenino “pero también en plural y en colaboración. Las mujeres estamos llamadas a liderar este cambio porque conocemos el cuidado desde dentro”, explica. Aunque añade que el reto está en que ese futuro “sea reconocido, valorado y apoyado con recursos, políticas y marcos laborales justos”. Porque así se conseguirá la conciliación real y la corresponsabilidad, además de “romper techos invisibles, ganar presencia en espacios estratégicos y confiar más en nuestro propio liderazgo”.
“La clave es gestionar sin deshumanizar, tomar decisiones difíciles sin perder la empatía y construir organizaciones donde cuidar también signifique cuidar a quienes cuidan” (Begoña López)
Más allá del género, Sampedro concluye que el futuro del que hablamos “ha de pensarse en términos de igualdad donde prime, por encima del género, el conocimiento, la capacidad, el esfuerzo y la conciencia social. El futuro lo construirán personas respetuosas, sólidas, responsables y comprometidas”. Para ella, el reto más importante es conseguir una corresponsabilidad real y “responder al desafío de la visibilidad”, haciendo que las más jóvenes vean en el sector una oportunidad profesional real. “Es necesario que siga habiendo una evolución cultural para que los puestos de dirección de todos los sectores sean liderados por personas capaces”. Algo que las mujeres demuestran cada día: “Somos muy capaces”, señala Sampedro.














