Educadas para cuidar

Educadas para cuidar.
Educadas para cuidar.

A pesar de los esfuerzos del sistema educativo y las políticas de igualdad en los últimos cincuenta años, las mujeres seguimos asumiendo roles históricamente asignados a nuestro sexo, como son la responsabilidad de cuidar. De hecho, los primeros espacios profesionales que las mujeres asumimos en el siglo pasado, una vez que alcanzamos el derecho de estudiar en la universidad en 1910, fueron profesiones sobre el cuidado: la educación, la sanidad y, más tarde, los servicios sociales. Ahí están los nombres de las primeras referentes, como María de Maeztu, Faustina Álvarez, Amparo Poch, Elisa Soriano, Antonia Ferrera y Matilde Huici, entre otras.

El ámbito sociosanitario sigue siendo un ámbito totalmente feminizado y en los últimos años, las mujeres también hemos ido ocupando espacios de responsabilidad en un sector tan estratégico social y económicamente. Parece justo y lógico que, en un sector tan feminizado, las mujeres también ocupen los espacios de mayor responsabilidad. Junto a este logro, ahora es importante reivindicar la necesidad de poner en valor el sector sociosanitario, prestigiarlo y superar esa precarización laboral ligada a la feminización.

Poner en valor el sector sociosanitario y de los cuidados no es solo una cuestión de justicia: es una condición imprescindible para que una sociedad funcione. Porque la sostenibilidad social es el pilar de la sostenibilidad. Cuando cuidamos, en un domicilio, en una residencia, en un hospital, en un centro de día, en la comunidad, estamos sosteniendo la vida.

La revalorización de cuidar y todo el sector sociosanitario

María Ángeles Durán lleva décadas insistiendo en una idea incómoda y, por eso, transformadora: que existe una “riqueza invisible” que no aparece en los balances, pero sin la cual la economía “visible” se detiene. Por tanto, las mujeres que ocupamos puestos de responsabilidad en el sector social y de los cuidados debemos contribuir activamente a revalorizar profesionalmente el sector sociosanitario y todo lo que ello implica.

Dar al sector sociosanitario y de los cuidados el lugar que merece es, en el fondo, aceptar una verdad sencilla: la vida no se sostiene sola. Y, como recordaría Durán, lo que sostiene la vida también sostiene al país, aunque durante demasiado tiempo hayamos fingido no verlo. No es sexy en Europa en estos momentos reivindicar la política social. Se valoran de nuevo las políticas de defensa, de seguridad y energéticas, pero no hay otra política más relevante para vivir dignamente y con seguridad que la política social.

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