Dormir bien para envejecer mejor: más de la mitad de los mayores de 65 años presenta trastornos del sueño

Dormir bien para envejecer mejor: más de la mitad de los mayores de 65 años presenta trastornos del sueño.
Dormir bien para envejecer mejor: más de la mitad de los mayores de 65 años presenta trastornos del sueño.

El Día Mundial del Sueño, que se celebra hoy 13 de marzo bajo el lema “Dormir bien, vivir mejor”, vuelve a poner el foco en un problema de salud pública creciente que afecta especialmente a las personas mayores y se relaciona con enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas.

El sueño es uno de los pilares fundamentales para un envejecimiento saludable, pero su calidad tiende a deteriorarse con la edad. Diversos estudios señalan que más del 50 % de las personas mayores de 65 años presenta algún trastorno del sueño, ya sea por cambios fisiológicos asociados al envejecimiento o por enfermedades y tratamientos concomitantes.

Según explica la doctora Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio del Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), dormir mal no es solo una molestia cotidiana, sino un problema con implicaciones clínicas relevantes. “Un sueño de buena calidad es imprescindible para el bienestar físico y mental. Cuando los trastornos del sueño se perpetúan sin tratamiento, aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades y de fallecer por distintas causas”, advierte.

El sueño profundo, clave para proteger el cerebro

El descanso nocturno desempeña un papel fundamental en la salud cerebral, especialmente en las personas mayores. Según el doctor Txomin Navajas Carasa, jefe del Servicio de Neurofisiología Clínica de Hospiten, el sueño no es un proceso pasivo, sino un mecanismo activo de reparación neurológica.

Durante las fases profundas del sueño, el cerebro activa sistemas de limpieza biológica que eliminan residuos proteicos generados durante el día, entre ellos las proteínas beta amiloide y tau, relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

“El sueño de ondas lentas actúa como una auténtica neuroprotección. Cuando disminuye el sueño profundo, aumenta la probabilidad de deterioro cognitivo y de aparición de demencia años después”, explica el especialista.

Con el envejecimiento es habitual que se produzcan cambios en el patrón del sueño: disminuye la profundidad del descanso, aumentan los despertares nocturnos y se adelanta el reloj biológico, lo que puede derivar en problemas de memoria, atención o mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas si no se aborda adecuadamente.

Un problema cada vez más frecuente en la población

El deterioro del descanso nocturno no afecta únicamente a las personas mayores. Diversos estudios muestran que entre el 30 % y el 40 % de los adultos tiene dificultades para dormir, mientras que aproximadamente un 10 % sufre insomnio crónico.

Además, según la Encuesta sobre hábitos cerebro-saludables de la Sociedad Española de Neurología, el 56 % de la población adulta española duerme menos horas de las recomendadas, y alrededor del 50 % afirma no tener un sueño reparador.

La II Radiografía sobre el Autocuidado de la Salud en España, elaborada por la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp), confirma esta tendencia: casi tres de cada diez españoles (29,7 %) tienen dificultades para conciliar o mantener el sueño, mientras que solo el 12,4 % asegura despertarse realmente descansado.

El estudio también revela que las mujeres duermen peor que los hombres, con un 33,1 % que declara tener sueño irregular frente al 26,4 % de los hombres.

Entre los factores que más influyen en la calidad del descanso destacan el estrés (31,9 %), los problemas personales (22,8 %), la temperatura de la habitación (17,6 %) o el ruido (17,4 %). El uso de dispositivos electrónicos antes de dormir también continúa siendo un obstáculo relevante: casi dos de cada diez personas reconoce utilizar pantallas antes de acostarse.

Trastornos del sueño infradiagnosticados

A pesar de su elevada prevalencia, los trastornos del sueño siguen estando infradiagnosticados. La SEN estima que más de cuatro millones de personas en España padecen algún trastorno del sueño crónico y grave, pero solo una pequeña parte recibe diagnóstico y tratamiento.

Entre las alteraciones más frecuentes se encuentran el insomnio, la apnea obstructiva del sueño, las alteraciones del ritmo circadiano, el síndrome de piernas inquietas o las parasomnias.

La apnea obstructiva del sueño constituye uno de los problemas más relevantes desde el punto de vista sanitario. Según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), entre seis y ocho millones de personas podrían padecer este trastorno en España, aunque una gran parte permanece sin diagnosticar.

La apnea provoca pausas repetidas en la respiración durante la noche, fragmenta el sueño e impide alcanzar fases profundas de descanso. Sus consecuencias incluyen somnolencia diurna, deterioro cognitivo y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. En casos graves no tratados, incluso puede reducir la esperanza de vida entre ocho y diez años.

Consecuencias para la salud física y mental

La evidencia científica relaciona la falta crónica de sueño con múltiples problemas de salud. Dormir mal se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes, hipertensión arterial y alteraciones del colesterol, factores que aumentan la probabilidad de sufrir ictus o infarto de miocardio.

Además, diversos estudios han vinculado la privación de sueño con trastornos de salud mental, depresión y ansiedad, así como con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.

El impacto del mal descanso también se extiende a la seguridad pública. La somnolencia está relacionada con alrededor del 30 % de los accidentes de tráfico en España, según datos de especialistas en sueño.

Educación y hábitos saludables para mejorar el descanso

Ante este escenario, los expertos coinciden en la necesidad de mejorar la educación sobre higiene del sueño y fomentar hábitos saludables desde edades tempranas. Entre las recomendaciones más habituales destacan:

  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.

  • Realizar ejercicio físico diario, preferiblemente con exposición a la luz natural.

  • Evitar el uso de pantallas antes de dormir.

  • Limitar el consumo de alcohol, cafeína y cenas copiosas por la noche.

  • Crear un ambiente adecuado para el descanso, con oscuridad, silencio y temperatura confortable.

“Cuidar el sueño es cuidar la salud”, resume el doctor Txomin Navajas. En un contexto de envejecimiento poblacional, los especialistas insisten en que abordar los problemas de sueño debe formar parte de las estrategias de prevención del deterioro cognitivo y de promoción de un envejecimiento saludable.

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