Digitalización en residencias: cuando el sector confunde tener sistemas con ser digital

Digitalización en residencias: cuando el sector confunde tener sistemas con ser digital.
Digitalización en residencias: cuando el sector confunde tener sistemas con ser digital.

Es costumbre empezar los artículos agradeciendo la oportunidad de escribir, pero no sé si hablar de digitalización en nuestro sector es una oportunidad o más bien una «patata caliente». Sobre todo, en un entorno que, a menudo, ve la tecnología como una obligación pesada o, incluso, como una amenaza a lo de «toda la vida».

Este artículo forma parte del especial “Futuro de los cuidados en España”, donde analizamos los grandes retos estructurales del sector, como el que nos ocupa en este espacio, la digitalización en las residencias.

Asimismo, durante el reportaje también se analiza la gestión del talento: el reto laboral que condiciona el futuro de los cuidados, que llega de la mano del relevo generacional de los profesionales o el absentismo en el sector.

Para finalizar, en BALANCE Sociosanitario abordamos las reformas normativas que necesita la atención a la dependencia para la mayor calidad y personalización de los cuidados.

En el sector residencial llevamos años dándole vueltas a la palabra. A veces da la sensación de que el simple hecho de pronunciarla ya nos sitúa en una posición avanzada. La realidad, sin embargo, es bastante menos brillante.

Fermín Mínguez. Consultor senior en Estrategia y Desarrollo de Negocio.
Fermín Mínguez. Consultor senior en Estrategia y Desarrollo de Negocio.

Hoy, la mayoría de las residencias en España pueden afirmar que están digitalizadas. Y no mienten. Otra cosa es que esa digitalización esté cambiando de verdad cómo se cuida, cómo se trabaja y cómo se toman decisiones. El impacto es claro en el papeleo, pero no tanto en el pasillo, con el residente. Y no hablo de esos robots humanoides que uno ve en las ferias y que, sinceramente, dan un poco de miedo cuando se caen al chutar un balón. No puedo evitar imaginarme al robot en cuestión «jugando» con un residente transportado en una grúa… No, no me refiero a eso.

A veces queremos correr sin haber empezado a caminar. Nos puede esa ansia de «innovación máxima» y dejamos en el camino oportunidades más sencillas, más útiles y terrenales que sí impactan en la mejora de la atención y, de paso, en la cuenta de resultados. Porque seamos claros: mejorar la cuenta de explotación digitalizando procesos asistenciales no es un pecado, es una necesidad.

El papel ya no es el protagonista, pero sigue mandando

El punto de partida es evidente: el papel está desapareciendo. Sistemas de gestión, registros digitales y documentación online para inspecciones ya forman parte del día a día. Muchas residencias han hecho los deberes mínimos en un contexto de presión brutal y escasez de personal. ¿Les suena? Es la santísima trinidad de nuestros problemas: presión, falta de personal y regulación creciente.

Otro ámbito donde hemos avanzado, quizás más por «supervivencia» que por convicción, es en la comunicación con las familias. Hemos abierto canales para mantener la confianza, para ser honestos, para defendernos de esa lupa constante que solo nos mira cuando pasa algo malo. Hoy la percepción del servicio pesa tanto como el servicio en sí, o incluso más. Todo el mundo cree saber qué pasa en una residencia, aunque no haya puesto un pie en ella.

El problema real empieza cuando confundimos tener herramientas con usar tecnología. En demasiados centros, la digitalización ha consistido simplemente en pasar lo analógico al ordenador sin cuestionar nada. El resultado: registros que roban tiempo, sistemas que no se hablan entre sí y profesionales que sienten que trabajan para el software, y no al revés.

Se registra mucho. Muchísimo. Pero, ¿para qué? El dato sigue siendo un fin en sí mismo para justificar, auditar o responder requerimientos. Rara vez sirve para anticipar o prevenir. Es la gran paradoja: generamos gigas de información, pero seguimos gestionando por intuición. La intuición es maravillosa, pero tener datos y no usarlos es un desperdicio de dinero y de oportunidades.

De la alarma a la predicción

Miren la Teleasistencia: allí los algoritmos predictivos llevan tiempo funcionando. Si usamos la domótica para saber qué pasa antes de un incidente —un ictus, una caída o una crisis cognitiva—, podremos actuar antes.

Tenemos sensores y monitorización de sobra. El discurso es ambicioso, incluso el nuevo Acuerdo Marco de la Comunidad de Madrid ya mete la telemedicina en la ecuación. Pero, en el día a día, las implantaciones fallan por lo de siempre: falta de protocolos y de responsables. Sin eso, la tecnología solo aporta ruido, no seguridad. Nos conformamos con que suene una alarma, y es una pena. Pienso, por ejemplo, en esas alfombras que detectan cuando alguien se levanta. La alarma ayuda, sí, pero el análisis de los datos nos diría si ese patrón de levantarse a deshora es el aviso de un problema mayor que está por venir.

“Mejorar la cuenta de explotación digitalizando procesos asistenciales no es un pecado, es una necesidad”

Y no, no es tan caro ni tan difícil. Hoy la IA ha democratizado el código. No hace falta un ingeniero de la NASA para desarrollar conceptos básicos; alguien que sepa qué necesita el centro puede «dialogar» con la IA para que esta escriba la solución. Quizás es hora de contratar perfiles técnicos que entiendan lo social, más allá del informático al que volvemos loco con el ratón que no funciona. (Ya saben: hardware es a lo que le pegas cuando no funciona, y software a lo que insultas cuando no te hace caso).

La fragmentación y la falta de responsables

Otro mal endémico es la fragmentación. El sistema clínico, por un lado, la gestión por otro, y el Excel… ¡ay, el Excel! Lo usamos más que una navaja suiza y suele generar más confusión que ayuda. Todo se sostiene por el esfuerzo invisible de los equipos, que actúan como «integradores humanos» picando datos de un sitio a otro.

Y por encima de todo, falta el «gobierno digital». En muchas residencias nadie es responsable de que esto funcione de verdad.

Se compra un sistema, se da una formación rápida y se espera que camine solo. Hasta que el personal cambia, el hábito se pierde y el sistema queda como un decorado caro.

Menos «ataque de los clones» y más realidad

Lo más curioso es que el sector no necesita grandes saltos espaciales. Muchas residencias pequeñas podrían avanzar un mundo con intervenciones menores: digitalizar altas, eliminar duplicidades y profesionalizar la comunicación con las familias.

Nada revolucionario. Solo bien hecho.

El contexto no va a aflojar. Más exigencia, más lupa social. La digitalización tiene que dejar de ser un reclamo comercial, un adorno, para ser el motor del centro. No es un reto tecnológico, es un reto narrativo: dejar de decirnos que somos digitales y empezar a preguntarnos si la tecnología nos ayuda a cuidar mejor.

Para los que dicen que no hay recursos, ahora mismo el abanico es real. No son solo nombres en un BOE; son oportunidades como el Kit Digital para las pymes, las líneas de RedIA Salud para aplicar inteligencia artificial de verdad, o los fondos EU4Health para que los sistemas, por fin, se entiendan entre sí. Hay convocatorias de Red.es y programas de formación que están ahí para ayudarnos en este tránsito.

Porque digitalizar no es acumular sistemas ni «cacharros». Cambiar la forma de hacer las cosas. Y eso, querido sector, aunque nos incomode, sigue siendo nuestra gran asignatura pendiente. ¿Vamos a por ello?

Por cierto, le pedí a una IA que me sugiriera un título para esto basándose en la realidad del sector. Es el que han leído arriba. Me encanta porque nos tiene calados.

Los grandes retos del sector de los cuidados

Este artículo forma parte de una serie de análisis sobre los principales desafíos que afronta el sector:

Publicidad
Etiquetas
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad