El lema «Acceso universal a los cuidados paliativos» nos invita este año a reflexionar sobre una urgencia sanitaria y moral: garantizar que toda persona, en cualquier lugar del mundo, reciba una atención integral, cercana y compasiva cuando enfrenta una enfermedad grave o el final de su vida.

Los cuidados paliativos no significan renunciar al tratamiento ni esperar el final, sino cuidar cuando no se puede curar, acompañando con humanidad y respeto a quienes afrontan enfermedades graves. Su esencia es aliviar el sufrimiento en todas sus dimensiones —física, emocional, social y espiritual—, ofreciendo apoyo tanto al paciente como a su familia. Son la expresión más humana de la medicina, porque ponen en el centro a la persona y su bienestar, no a la enfermedad.
La mirada paliativa no se centra en la enfermedad, sino en la persona: en su historia, sus miedos, sus valores, sus deseos y su entorno. Es una mirada que escucha, que acompaña, que respeta los tiempos y las decisiones. Atender desde esta perspectiva significa pasar de la intervención técnica a la presencia, donde el bienestar y la dignidad se convierten en el verdadero objetivo del cuidado.
El acceso universal a los cuidados paliativos no es un lujo, sino una cuestión de ética y justicia social. No puede depender del lugar donde se viva. Sin embargo, actualmente este acceso sigue siendo profundamente desigual. Millones de personas en el mundo mueren cada año con dolor o angustia evitables por falta de servicios paliativos o de políticas públicas que los reconozcan como un derecho.
Formación de profesionales
Además, falta una formación adecuada y homogénea en los profesionales. Por eso, es urgente integrar los paliativos en todas las especialidades médicas. Incluirlos en todos los niveles del sistema sanitario es esencial para garantizar una asistencia verdaderamente humana.
Promover el acceso universal a la atención paliativa significa defender una ética del cuidado que reconoce el valor de cada vida hasta el último instante. Porque cuidar, cuando no se puede curar, es apostar por una forma de atención que no abandona, que acompaña hasta el final con respeto y dignidad. Y hacerlo de manera universal es construir una sociedad más justa.












